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¿Qué hacer con el aceite de cocina usado?

Luis Felipe Tobón encontró una forma de hacer negocio reciclando el aceite de cocina usado.

  • Novedosa forma de hacer negocio y aportar al medio ambiente
  • Hay que tener cuidado con el aceite de cocina usado de casas y restaurantes. Lo pueden reenvasar para volverlo a vender.

Por Jaime Rivera García

Medellín, 16 dic. 2016 (Colombia-Inn). El espíritu emprendedor de Luis Felipe Tobón lo hizo encontrar una oportunidad de negocio en un problema planteado por un antiguo cliente de la empresa para la que trabajaba: cómo deshacerse del aceite de cocina usado para los fritos, sin afectar las tuberías internas, el alcantarillado de la ciudad, el medio ambiente y la salud de los ciudadanos.

A partir de este problema, Tobón organizó su empresa Ecogras y creó un sistema que recolecta aceite de cocina en varias ciudades del país, lo almacena, lo filtra, lo trata y lo entrega a una planta de biodiesel para que lo conviertan en biocombustible y lo combinen con el ACPM que utilizan los grandes camiones que recorren las carreteras colombianas.

Sobre la finalidad del proceso, Tobón explica: “cuando el aceite se verifica y determinamos que está en buenas condiciones, después de un análisis de calidad, se despacha a una planta de biodiesel. Allí lo mezclan con aceite vegetal o aceite de palma crudo o refinado y lo meten dentro de una planta de biocombustibles. Esta planta lo mezcla con el nuevo y le echan metanol y soda caústica”.

“Al final del proceso, más o menos sale un 85% de biocombustible y un 15% de glicerina. Ese biocombustible lo llevan para Ecopetrol, o al exterior para una planta de diésel y eso lo combinan con el ACPM”, agrega el empresario en diálogo con Colombia-inn.

“De hecho, el diésel en Colombia tiene un 8% de biodiesel. Y ese 8% está compuesto en una pequeña parte, por aceite de cocina usado y por aceite vegetal”, concluye.

Aporte al medio ambiente

Con el establecimiento del proceso que se inicia en las cocinas de hogares y restaurantes, Tobón no solo creó una empresa que da trabajo a decenas de personas en Colombia, sino que combate directamente el fenómeno delictivo de la venta pirata de aceites de cocina de segunda, sobre todo en los sectores más pobres de las ciudades.

“Nuestro fin es dar un manejo adecuado a los aceites de cocina y que las personas en las casas y en los restaurantes no hagan una mala disposición de este residuo”.

Esa mala disposición del residuo es botar el aceite por la cañería, pero eso va a afectar tarde o temprano la tubería de las residencias. La otra disposición negativa es botar el aceite en los alcantarillados públicos de las ciudades.

“Si logramos que las personas no depositen el aceite en los lavaplatos o en alcantarillas,  disminuimos los costos de mantenimiento y el tratamiento de aguas residuales de las empresas de acueducto y alcantarillado. El costo más alto que tiene cualquier planta de tratamientos de aguas residuales es la separación de aceites y grasas”, explica Tobón.

“Al final todos ganamos porque no se va a verter el aceite y no se va a taponar el alcantarillado cuando caiga un aguacero”.

No contaminar el agua

Otro aspecto que combate Ecogras es el relacionado con la contaminación del agua.

“El aceite tiene un poder contaminante bastante alto, un litro puede contaminar hasta 1.000 litros de agua potable. Hay que tener en cuenta que menos del 1% del agua del planeta es potable, entonces cuando se bota un litro de aceite de cocina usado se va a contaminar hasta 1.000 litros de agua potable”, destaca el empresario.

El cartel del aceite usado

En los restaurantes se recoge gran cantidad de aceite de cocina que se reutiliza en la producción de biocombustibles.

En los restaurantes se recoge gran cantidad de aceite de cocina que se reutiliza en la producción de biocombustibles.

Al no eliminar adecuadamente el aceite, este puede ser reutilizado por lo que se ha denominado el “cartel pirata del aceite de cocina”. En tiendas de sectores   populares de las ciudades colombianas, se puede comprar aceite re-envasado, en recipientes que lleva el cliente o en diferentes tipos de botellas que el negocio ofrece.

Esta es una actividad altamente peligrosa para la salud. El aceite pirata de segunda ya pasó la etapa de la informalidad y es una amenaza pública. Ecogras se propone encontrar actividades rentables para los distintos recolectores informales de aceites y que estos no sean piezas claves de esa actividad ilegal.

Por lo mismo, los recolectores son empleados formales de Ecogras, cuya sede principal se encuentra en Medellín. Se les capacita sobre el manejo de las grasas, el almacenamiento en bidones o pimpinas de 20 litros, el tratamiento y las maneras adecuadas de transporte.

“Ha sido difícil formalizarlos y que abran una cuenta bancaria y obtengan un Rut, pero es la única manera para poder legalizar esas compras y ofrecer transparencia en el proceso. Nosotros no compramos nada por debajo de la mesa”, advierte Tobón.

Respaldo unánime

Tobón encontró respaldo para Ecogras desde el principio. “Lo que hice fue acercarme lo que más pudiera a la norma internacional. Entonces aparecieron entidades como las Empresas Públicas de Medellín, que es la que más nos apoya en temas de sensibilización de las comunidades”.

“Igualmente contamos con el apoyo de Área Metropolitana, que es como la CAR de acá, que nos dio unos recursos. También se vincularon la fundación Bancolombia, la fundación Bavaria y una fundación de Medellín que se llama Socya, cuya junta directiva es integrada por Bancolombia, Argos, Nutresa y otras entidades. Es muy robusta y se dedica fuertemente, aquí en Antioquia, a reciclar. De la mano de ellos hemos podido establecer este modelo de recolección que nos beneficia a todos”, anota.

Modelo logístico

El proceso seguido por Ecogras para recolectar los aceites usados en los hogares y restaurantes colombianos se basa en una operación logística cuidadosamente establecida.

“Esto de Ecogras es más como una logística de recolección. A mí me empezó a llamar mucha gente. ¿Qué hace uno con el aceite? Pero no alcanzo a atenderlos a todos. Nosotros tenemos actualmente en Medellín más de 500 unidades residenciales donde hacemos la recolección, pero en un barrio de casas es más difícil. El costo es supremamente alto” y para eso, reveló, “desarrollamos un solidificador de aceite de cocina”.

Según este emprendedor, el producto, que está disponible por ahora solo en almacenes Éxito, “se mezcla con el aceite de cocina usado y se vuelve una pasta orgánica biodegradable o utilizable en chimeneas. Es la manera más adecuada para que en vez de tirar el aceite por el lavaplatos o en una botella que se va a estallar en el carro de la basura, no afectemos las tuberías, el alcantarillado y el medio ambiente”, concluyó.