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Museo del acordeón: pasaporte a la leyenda vallenata

El director y fundador del Museo del Acordeón, el popular juglar vallenato Alberto ‘El Beto’ Murgas, explica desde su casa, en Valledupar, los orígenes, evolución y arraigo del acordeón en estas tierras.

  • En el Museo se encuentran muestras físicas de las diversas clases de acordeones que hay en el mundo.
  • El juglar Beto Murgas, su fundador y director, es un coleccionista de acordeones, saberes y sentimientos vallenatos.
  • Lugar mágico e imprescindible para entender los orígenes y el sentido del folclor vallenato, así como del acordeón en los distintos momentos de la historia.

 

Por: Jaime Rivera García

VALLEDUPAR, 4 ago (Colombia-inn) – Entrar a la Casa Beto Murgas Museo del Acordeón, es poder apreciar y entender las leyendas mágicas del folclor vallenato a través de una completa muestra de la evolución de ese popular instrumento que tuvo sus orígenes en la China, 3.000 años antes de Cristo.

Es encontrarse con las raíces de la música de esta región del norte de Colombia, por medio de pormenorizadas explicaciones antropológicas e históricas de los inicios del instrumento, sus principios físicos y la adecuación al modo de ser de los habitantes de cada país.

Pero también es conocer acerca de su llegada y arraigo en las sabanas del Cesar y La Guajira, las características de las diferentes clases de acordeón y, por supuesto, los principales intérpretes que han hecho de la música vallenata un patrimonio cultural de la humanidad.

Es conocer de cerca un viejo y pequeño acordeón, muy parecido al que usó el viejo Emiliano para componer la inmortal Gota fría; el Zhen, un legendario instrumento chino que dio pie a las armónicas y los acordeones y las modificaciones que los lutieres criollos le hacen al instrumento que fabrican en Alemania…

Es entender, por fin, por qué Cien años de soledad es un vallenato de 350 páginas…

Y, según su director y fundador, ‘el Beto’ Murgas, “descubrir que la leyenda del folclor vallenato está basada en un personaje wayú que se llamó Francisco Moscote Guerra, más conocido como “Francisco, el Hombre” quien derrota al diablo cantando el Credo al revés y tocando un acordeón “tornillo de máquina”, similar a varios de los expuestos en esta casa museo.

El museo, único en el mundo, reúne una muestra de 70 instrumentos de viento de diferentes clases, de diferentes épocas y de diferentes lugares. Sitio vital si se quiere adentrar en la manera de ser y de sentir de los hombres y mujeres de las tres razas que poblaron esta zona de Colombia, denominada La Vallenatía.

También se exhiben en esta casa museo ocho cajas (tambores) y siete guacharacas que se adecúan a los diversos aires de la música vallenata. Estos instrumentos, combinados con el acordeón, son la base de los conjuntos vallenatos que de cierta manera representan las tres razas afincadas en la región: los indígenas, con la guacharaca; los negros, con la caja y los blancos llegados de Europa, con el acordeón.

(Tiene una guacharaca de madera de un metro con 20 centímetros, fabricada en 1950 -“así eran antes”- que se debe tocar con una costilla de res).

 

En la Casa Beto Murgas se pueden apreciar cerca de 70 acordeones de todos los tamaños y orígenes.

De la entraña misma del vallenato

La Casa Beto Murgas Museo del Vallenato es atendida por su director y fundador, José Alberto Murgas Peñaloza y su señora. Murgas es reconocido internacionalmente como un prolífico compositor de famosas canciones vallenatas que le han dado la vuelta al mundo.

Entre sus composiciones se destacan obras como La Negra, Cariñito mío, Grito en La Guajira, Después de viejo y muchas otras interpretadas por figuras vallenatas como Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Juan Piña, los Hermanos Zuleta, el Binomio de Oro y Los Betos, entre otros, y orquestas y cantantes internacionales como Los Melódicos, Dimensión Latina, Roberto Torres y Alfredo De La Fe.

O sea que no podría haber mejor director para una casa museo del acordeón que su mismo fundador, Beto Murgas. Juglar (los juglares son los que componen, cantan y tocan un instrumento); estudioso e investigador del folclor, amigo de las viejas glorias –y las nuevas— y avezado intérprete del acordeón vallenato.

También es padre de ‘El Beto’ Murgas Jr., integrante del dúo Gusi y Beto, disuelto en 2013. Murgas Jr. actualmente es representante de Peter Manjarrés, otra figura joven del vallenato.

 

Como el de la Gota fría

“Yo, como todo padre de la región, le compré a mi hijo Beto, cuando tenía cinco años, un pequeño acordeón medio viejo de dos hileras, con el propósito de que siguiera la tradición, y sucedió algo inesperado: a él no le gustó. Él quería usar uno como los que mis amigos y yo tocábamos”, expresa Beto padre.

“Sin embargo, –continúa narrando Murgas— ese acordeón sí les llamó la atención a mis amigos, los juglares Emiliano Zapata (el viejo) y Moralito, los dos protagonistas de la Gota fría. Algún día vinieron a mi casa, vieron el acordeón, se emocionaron y recordaron sus primeros tiempos. Me preguntaron cómo lo había conseguido y eso me motivó a investigar sobre esa clase de acordeones”.

“Publiqué parte de esa historia en una revista del Festival Vallenato que le hice llegar a Chicago (EE.UU.) a un amigo de la infancia. En una pasada por un almacén de antigüedades encontró tres acordeones viejos como los usados por los primeros juglares. Los compró y me los trajo”, narra el Beto y añade: “Me fui convirtiendo, sin proponérmelo, en un coleccionista. Ya tenía cinco acordeones”.

En el museo hay una inmensa galería fotográfica de figuras del vallenato y personajes famosos de todo el mundo.

Origen en la China

Él mismo Beto Murgas muestra los instrumentos y los toca. Explica perfectamente cómo un instrumento chino denominado Zhen, inventado en el año 3.000 antes de Cristo, tiene los mismos principios que el acordeón “moderno”, “inventado” en Austria a finales del siglo XVIII.

Para el neófito es un placer descubrir esos conocimientos. Y para el conocedor, reforzar y entender cómo y de dónde vienen los sonidos que tanto gusto produce el fenómeno musical llamado vallenato.

El Beto toma de una vitrina una especie de “atado” de madera. Si uno lo detalla, es como un paquete de flautas. Y lo sopla por debajo. El sonido es sorprendentemente similar al que genera un acordeón.  

El principio de la lengüeta usado por los chinos con el Zhen, fue apropiado en Europa, primero en varias clases de armónicas y después en armonios. “Lo que tienen por dentro los acordeones en sus cajas de resonancia son unas armónicas, pero no suenan con los pulmones humanos sino con pulmones mecánicos, llamados fuelles”. Explica Murgas.

El acordeón fue patentado en 1828 y se empezó a fabricar en varios lugares de Europa, especialmente en Alemania, Italia y Francia.

El acordeón vallenato como lo conocemos llegó con la inmigración de los europeos a los puertos de la costa norte de Colombia, a finales del siglo XIX. Se arraigó en las llanuras del Magdalena viejo. Y los juglares se apropiaron de su sonido.

La compañía alemana Honner ha desarrollado varios modelos especiales para Colombia. En el 98 se percató del gran mercado de sus instrumentos en esta región y por ello diseñó y fabricó un acordeón blanco con la bandera colombiana en el fuelle. También lo hicieron en negro.

En el 2007 sacaron un acordeón dedicado a los reyes vallenatos que bautizaron “Rey Vallenato”. Y este año fabricaron un acordeón que se “cocinó” en el mismo Valledupar, desde 2013. Se llama “Emiliano” y fue el que regalaron al ‘Rey de Reyes’ vallenato 2017, Álvaro López.

Ese acordeón aún no ha salido a ventas, pero se espera que a mediados de septiembre se comercialice.

Estos acordeones, fabricados exclusivamente con destino a La Provincia, ya no tienen necesidad de adecuarlos en Colombia. Vienen con los agudos que los músicos de acá utilizan en sus canciones.

El Museo del Acordeón es la pieza más reciente, larga y de primeros lugares en las listas, compuesta por el Beto Murgas. Es el camino más expedito para encontrar y entender ese maravilloso mundo del vallenato, su música, su cultura y su manera de ser.

En el mundo ya lo saben…