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Los gallos y las gallinas de los “huevos de oro”

María Yineth Pérez es la gestora de la producción de huevos azules en el departamento del Caquetá.

-A través de una selección genética y el forraje natural se producen en el Caquetá huevos de cáscara azul que son la sensación en el país y visitantes del exterior.

-La granja está ubicada en la zona rural del municipio de Florencia Caquetá, actualmente hay en producción  80 aves, 200 en levante  y se tiene una proyección de  1.200 gallinas productoras.

Por Hermógenes Ardila D.

Florencia, Caquetá, 29 de oct (Colombia-inn) – Son pura sangre. Se alimentan del fruto de la canangucha y monte nativo con alto contenido de proteína y otros nutrientes que requieren las aves para el proceso de producción del huevo y obedecen a una selección genética de cuatro generaciones de gallinas que ponen huevos azules.

Son los ocho gallos de María Yineth Pérez, una emprendedora de la zona rural del Municipio de Florencia (Caquetá). ¿Huevos azules? ¿Y eso de dónde salió?, le preguntó el presidente Juan Manuel Santos hace año y medio cuando fue a inaugurar un programa de electrificación rural a 8  kilómetros de Florencia, donde los árboles hacen desvanecer el horizonte y las tardes y los amaneceres se tornan rojizos y misteriosos.

-Es una innovación que venimos desarrollando hace 5 años-, le contestó Yineth al Presidente. ¿Y cómo? La mujer, con el ímpetu de los pueblos que se fundaron y crecieron en los años 50 de la mano de colonos del Huila, Tolima, Nariño, Cundinamarca, Valle y Antioquia, fue explícita: investigando y probando, doctor Santos.

Quizás el mérito no sea de los gallos, que tienen el privilegio del asedio y el coqueteo, sino de las gallinas, que ponen los huevos azules y los dejan al criterio de Yineth y su esposo para que los conviertan en pollas y pollitos con el fin de multiplicar la especie y en unos años llevarlos a los mercados internacionales.

A Yineth le gusta experimentar. Dice que optó por la selección genética porque los huevos azules generan un gran atractivo, la cáscara es más resistente que la blanca y que la colorada. Son, de verdad, de gallina campesina aunque seleccionada y posiblemente tienen más nutrientes que los de las aves alimentadas con purina y otro tipo de concentrados.

La cuestión no ha sido fácil. Ella encontró una gallina que ponía huevos azules y empezó a incubarlos. Primero con el propio esfuerzo de la gallina, y luego con métodos artificiales, probando niveles de humedad, programando ventiladores para la evaporación del agua y ajustando estímulos al proceso para que el método se asimilara al natural.

De la camada era difícil que saliera un buen padrón, que es el encargado de pisar la gallina y asegurar que el nido se surta de huevos azules. “En el gallo está el éxito”, dice Yineth. El gen es dominante y se obtiene una relación de éxito del 85 al 90%.

Un buen pollo, fornido, elegante, es un tesoro. Se cuida con esmero y ahí sí como reza el dicho popular: “nadie más manda en el gallinero”. Si bien la selección genética ha sido un trabajo arduo, el tipo de alimentación ha influido notablemente. Como se está en el Caquetá, donde abundan las plantas nativas, Yineth se encontró con una maravilla de nutriente: la Canangucha, una palmera propia del trópico, que se levanta silvestre en humedales, cuyos frutos contienen altas dosis de vitaminas A, B y C.

En la misma granja, que lleva por nombre Rosaflor, se procesan los frutos y se mezclan matorrales nativos, a los que se les han estudiado sus propiedades nutricionales. También se les agrega matarratón –el árbol que florece en verano-, botón de oro y cuchichuyo. Nada de purina ni de concentrados ni de fármacos.

“Nos costó años de investigación, pero ya producimos una buena cantidad de huevos de cáscara azul, que es 0,3 milímetros más gruesa que los de color blanco o marrón”, dice Yineth. Y agrega, con convencimiento: “son de larga vida”.

¿Ocho gallos? ¿Y cuántas gallinas?, le pregunta el reportero de Colombia-Inn. “Son más de 80 gallinas las que nos están poniendo huevos azules”, afirma y señala que la tarea no ha terminado porque la idea es seguir incubando y convertir al Caquetá en el gran productor de huevos estilo firmamento, y hacer la diferencia, con la oferta tradicional.

El trabajo es en equipo. Yineth tiene otro gallo al lado: su esposo, Francisco Javier Hoyos Toledo, que se inventó las incubadoras térmicas para liberar a las gallinas de las borracheras durante la época de anidamiento. Él es el gestor de la fabricación de los nidos artificiales –construidos con materiales de cocinas integrales-, de la calefacción y de calibrar la calefacción para que los huevos se conviertan en gallinas o gallos y el invento no sea un intento fallido.

“El Caquetá es campo”, advierte esta mujer de 36 años, que se la pasa en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Rural de Florencia buscando apoyo para promover innovaciones y generar en cada producto un valor agregado.

-Si no hacemos la diferencia, no vamos a competir con éxito”, dice. Y advierte que se están haciendo investigaciones para demostrar que los huevos de cáscara azul, alimentados con forraje natural, son más nutritivos que los convencionales.