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La quinceañera que cambió el tedio por la alegría de leer

Angie Mishell Moreno afirma que si se puede encontrar placer en el conocimiento y amor por la literatura.

  • La Fundación Juventudes Literarias está demostrando en Cúcuta y en 12 ciudades de Colombia y el exterior que la juventud sí puede encontrar placer en el conocimiento.
  • Angie Mishell, su fundadora, inició a los 15 años un camino propio, con respeto a la diferencia y a la sana convivencia.
  • El grupo de muchachos combina el placer de la literatura con el de la gastronomía.

 

CÚCUTA, 27 jun. (Colombia-inn) – Angie Mishell Moreno, ahora con 19 años de edad, no recuerda la cartilla la “Alegría de Leer”, cuyo primer volumen apareció en 1930, alfabetizando a varias generaciones de colombianos, pero se inventó un método para ensañarse con los libros, sin imposiciones de los maestros y la obligación de cumplir con una guía académica.

Eso hace 4 años, cuando tenía 15, y sus compañeros hablaban en el recreo y en los pasillos de lecturas aburridas, de autores tortuosos y textos que antes de producir entusiasmo y exaltación, estaban más cerca del martirio. Era como una invitación a desertar de la institución educativa.

Entonces pensó que lo mejor era cambiar el convencionalismo, y acudió al heroísmo de la tecnología para sacarle gusto a la lectura y además interpretar sus mensajes y contenidos. Lo primero que hizo fue integrar un grupo de jóvenes en todo el país y el exterior, reunidos en la Fundación Juventudes Literarias. El objetivo, dice sin dilaciones:  “deleitarnos con el conocimiento en diferentes áreas y crear una comunidad a través de experiencias compartidas”.

Angie Mishell es una persona con convicciones. A su corta edad, decidió que había qué hacer algo para cambiar el modelo tradicional de transmisión del conocimiento por algo que fuera placentero como un menú “que combinara las delicias de la gastronomía con las de la lectura”.

Gracias a esa certidumbre y a los planteamientos para encontrar atracción en la búsqueda del conocimiento, la Fundación Juventudes Literarias, dirigida y fundada por Angie, recibió el premio al Mejor Proyecto del programa Alianzas para la Innovación, otorgado por la Cámara de Comercio de Cúcuta, Colciencias y Confecámaras, en mayo de este año.

Sobre el origen de Juventudes Literarias, Angie Mishell declaró a Colombia-Inn que “cuando yo tenía 15 años estaba muy insatisfecha con mi colegio. En medio de esa tristeza y decepción, un amigo me dijo que yo podía hacer algo”.

Jóvenes cucuteños y de otras ciudades han hecho eco de los principios de respeto por la diferencia y la libertad de la Fundación Juventudes Literarias.

Empezamos con dos asistentes

“Y empecé con un café literario. La idea es que nos reuniéramos a leer, a hablar, a conversar. Empezamos leyendo un libro y asistieron dos personas. Yo seguí adelante. Con el paso del tiempo fueron llegando de a cinco y seis personas”, agregó la líder juvenil que hoy ha logrado congregar a 32 jóvenes de Cúcuta entre los 13 y los 22 años.

Después de esa primera etapa, Juventudes Literarias obtuvo un premio como la mejor Actividad Innovadora con TIC (Tecnologías en Información y Comunicación) en Bibliotecas Públicas y entonces se decidió formalizarla legalmente y darle un nombre.

“Como la Fundación no tiene dinero, no tiene un libro para cada uno, entonces lo que hacemos es usar las TIC (el computador, el micrófono) para que la lectura sea mucho más llamativa. Las TIC son muy importantes para Juventudes Literarias y nosotros las usamos en todos los eventos a los que asistimos u organizamos”, declaró la joven dirigente.

La vida de la Fundación es todo un cuento que Angie Mishell narra con vehemencia y convicción: “Yo odiaba al colegio con todas mis fuerzas. Veo a mis hermanos y a mis amigos sufrir haciendo tareas y no duermen. Lo que a mí me motiva, mi sueño, es que eso cambie para que el corazón se llene de amor a través de la lectura y el conocimiento”.

Es increíble que a través de la metodología creada e implementada en la fundación, los muchachos hayan cambiado y encaminen sus energías a actividades lúdicas y artísticas y que los programas de la fundación se hayan extendido a 12 ciudades colombianas y a países como Perú, Ecuador y Estados Unidos.

El menú literario

“El principio básico de la Fundación es aprender con emoción, con entusiasmo, con pasión. Nosotros verificamos que nuestras actividades tengan un ingrediente especial, atractivo, que guste, que encante y por ello creamos todo un menú literario”, declara Angie Mishell.

Para degustar ese menú se encuentran el café literario, el pai literario, el chocolatorio, la pizza literaria y hasta el karaoke literario…

“En el café literario, por ejemplo, leemos el capítulo de un libro, nos detenemos, analizamos las situaciones, los personajes, las circunstancias, el momento histórico e incluso, tenemos un psicólogo literario dentro del mismo grupo; en el pai literario, en cambio, miramos la vida de un autor, sus obras”, explica Angie.

“En el Chocolatorio lo que hacemos es degustar un libro completo y es algo loco, porque en un día lo leemos y analizamos. Cuando son libros extensos nos dividimos el trabajo en equipo y lo completamos. Así, al final de la tarde, tenemos la sensación de haber leído un libro completo”, señala entre risas.

En cuanto a otro de los platos literarios que el grupo degusta permanentemente, Angie sostiene que “la pizza es un menjurje de cosas y así mismo es la pizza literaria, una mezcla de personajes que se confrontan. Por ejemplo unos exponen sobre Ana Frank y otros sobre Dorian Grey”.

En otras ocasiones el grupo trabaja el karaoke literario en el que escogen un cantante o un género musical y lo desmenuzan, analizan la vida del compositor, la letra y el momento histórico en el que se dio entre otros aspectos.

“La cárcel de cerebros”

Esta es la respuesta categórica que Angie Mishell le da permanentemente al sistema educativo: “el conocimiento sí genera placer, hay que encontrarlo, hay formas originales y creativas para que la lectura se deguste y sea libre. Yo llamaba al colegio ‘la cárcel de cerebros’ y lo que buscamos ahora es que seamos libres y aprendamos con lo que nos gusta”.

En los preceptos de la Fundación hay claridad absoluta relacionada con las libertades, el respeto y la negación del “bulling” o matoneo. “Acá no nos metemos con nadie por sus gustos o creencias. Incluso son bienvenidos hasta los que no les gusta la lectura. Nosotros decimos a todos, ven, hay algo para ti. Acá promovemos la sana convivencia y el respeto por la diferencia”, señala.

Para Angie las cosas se van dando, “con dificultades, pero avanzando”…

Muchos jóvenes como ella se quieren quitar el estigma de la superficialidad y que el conocimiento es algo aburrido.

Ahora Juventudes Literarias tiene unos estatutos, unas reglas claras, unos principios, muchos interesados en varios lugares del mundo y un amplio menú literario.

Increíbles esfuerzos de gente joven con otra visión -y misión- del mundo.