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En Pasto, dos pensionados que se atrevieron a emprender

Aliños La Garza es una fábrica de condimentos situada en Pasto, resultado del emprendimiento de los esposos Tirsa Coral y Fernando Cáceres, quienes se decidieron a fundarla cuando se encontraban a punto de pensionarse. (Foto Archivo)

  • Aliños La Garza nació en 2001 en Pasto, como un emprendimiento de una pareja de esposos que estaban por jubilarse.
  • La empresa, que da trabajo a 18 personas, produce entre 15 y 20 toneladas de condimentos y productos para panadería al mes.

Por Carlos Osorio Pineda.

PASTO, 15 mar. (Colombia-inn) – Los esposos Tirsa Coral y Fernando Cáceres, no solo se decidieron a emprender cuando estaban a punto de pensionarse, sino que se arriesgaron a competir con empresas consolidadas en el país y, 17 años después, pueden afirmar que han tenido éxito.

“Nosotros trabajábamos con una empresa del Estado en Pasto, y ya estábamos a punto de jubilarnos, cuando decidimos que todavía teníamos muchas energías para seguir en la lucha. Luego de un estudio de mercadeo, encontramos que todo lo relacionado con condimentos, lo traían de Cali y Bogotá”, relató don Fernando a Colombia-inn.

Como resultado de esa conclusión, la pareja puso en marcha, en junio de 2001, Aliños La Garza, y aunque no tenía idea de ese tipo de negocio, se arriesgó gracias al apoyo de un hermano de don Fernando, quien era dueño de una empresa de condimentos en Buga, Valle.

Actualmente Aliños La Garza fabrica entre 15 y 20 toneladas de condimentos y productos para pastelería al mes, cuenta con 18 empleados y es considerada una de las empresas con mayor proyección en Pasto, de acuerdo con la Cámara de Comercio de la ciudad.

Los esposos Tirsa Coral y Fernando Cáceres laboraban en una empresa del Estado y sin tener idea alguna del sector de condimentos se atrevieron a crear Aliños La Garza, una osada apuesta que ha tenido éxito. (Foto Carlos Osorio)

Las limitantes del emprendimiento

“La verdad es que no sabíamos en qué nos íbamos a meter. Pero arrancamos”, señaló el emprendedor, tras recordar que todo lo que recibieron al pensionarse lo invirtieron en la empresa.

“Existen muchas dificultades cuando se emprende. Los bancos no lo conocen a uno, la gente tampoco, menos los proveedores. El comienzo fue bastante difícil, pero afortunadamente con los recursos de nuestra pensión logramos salir adelante”, anotó.

Y advirtió: “hubo momentos en que estuvimos a punto de tirar la toalla, pero el hecho de ir avanzando, así sea de a poco, y tener un personal a cargo, lo hace a uno reflexionar en que no se puede dejar eso tirado”.

Por su parte doña Tirsa, coincide con su esposo, en que “fue difícil porque veníamos de una empresa en donde todo estaba dado, todo tenía sus normas, sólo había que aplicarlas, y listo. Pero ser emprendedor, tener que pensar en el pago de unos salarios, cumplirles, como nos cumplía la empresa en la que laboramos, eso no es fácil”.

A su falta de experiencia, que poco a poco fueron solventando en sus ratos libres, porque su jubilación sólo llegó hasta dos años después de creado el negocio, se sumó un hecho que en muchas ocasiones se convierte en una limitante para los emprendedores: la creencia de que todo lo que viene de afuera es mejor.

“Nosotros hacíamos, y seguimos haciendo un producto con la mejor calidad. Cumplimos con todas las normas, pero en esa época la gente como que no creía y menos que fuera una empresa de Nariño”, explicó el emprendedor, quien recordó que uno de sus lemas al comienzo del negocio era: “Nariñense, primero lo nuestro”.

Sobra anotar que el mercado de los condimentos, para entonces, en el país y en Nariño, lo dominaban dos o tres marcas tradicionales. Por eso el trabajo en los meses iniciales era tratar de ganar un espacio en las tiendas y en las cocinas de las amas de casa.

Como no fue fácil ingresar a las tiendas, y sufrieron una pérdida importante, los emprendedores cambiaron la presentación de los productos y aumentaron el tamaño de los empaques, en una estrategia que les permitió ingresar a la Caja de Compensación Familiar de Nariño (Comfamiliar). De allí siguieron a los supermercados y luego, sí, a las tiendas.

Aliños La Garza ofrece en su portafolio 28 productos, algunos de los cuales han sido creación propia de gran demanda en Nariño y Putumayo, además de algunas regiones del Ecuador. (Foto archivo).

El despegue

Comenzaron con 12 empleados, ocho de ellos vendedores, pero no les fue bien con la fuerza de ventas, incluso les robaban el dinero del pago de los pedidos. “Y llegó un momento en que dijimos: no más. Porque no veíamos alguna rentabilidad, algún progreso. Nos estábamos gastando nuestro dinero en pagar trabajadores y no veíamos ingreso alguno”, recordó doña Tirsa.

Tres años le llevó a la pareja llegar al punto de equilibrio. Se dedicaron más a la producción y seleccionaron con cuidado a los vendedores, de manera que se invirtió la fuerza de trabajo con cinco operarios y tres vendedores.

Luego de Comfamiliar, Aliños La Garza ingresó a Alkosto, La Rebaja, Carrefour y los principales supermercados del departamento.

Si bien, al comienzo la empresa tenía una producción mensual cercana a una tonelada, actualmente elabora entre 15 y 20 toneladas de condimentos y productos para panadería. Y la producción no se ha incrementado porque la fábrica está ubicada en una vieja casona que se quedó pequeña. Ahora sus propietarios están en la búsqueda de un local más amplio.

En su portafolio, la empresa ofrece 28 productos que tienen gran demanda en todo Nariño, parte del Putumayo, e incluso en algunos puntos del Ecuador, a donde llegan a través de ciudadanos de ese país que los comercializan sin que la compañía los venda directamente.

Además de los productos tradicionales como ajo, pimienta, comino, canela molida, la empresa también ha innovado y fabrica, por ejemplo, un adobo que es mezcla de siete condimentos y se utiliza para sazonar carnes; o el condimento listo para pollo, que fue elaborado por solicitud directa de uno sus grandes clientes.

Doña Tirsa y don Fernando, los propietarios de Aliños La Garza, a la derecha, con su equipo de trabajadores. (Foto archivo).

La diferencia

Doña Tirsa y don Fernando tienen bien claro qué los diferencia de otras fábricas y productos similares: “Definitivamente es que se trata de productos naturales. A nosotros nos ofrecen saborizantes, pero eso es engañar a la gente. De pronto las ganancias no son muchas, pero no cambiamos la calidad porque nuestro interés no es ese”, aseguran.

El objetivo, incluso, es procurar que los cultivos de donde proviene la materia prima de varios de sus productos sean orgánicos. “Hemos hecho contacto con algunas asociaciones de campesinos, de madres cabeza de familia y queremos llegar hasta allá, a asegurar que la materia prima sea orgánica”, indicó la empresaria.

Además, hizo énfasis en que los productos de La Garza “no tienen aditivos, son completamente naturales. Tampoco tienen colorantes u otro tipo de elementos, a excepción de algunos como el color, porque así debe hacerse”. Así mismo, explicó, “tienen un alto grado de concentración”.

Esa calidad ha permitido a los propietarios de Aliños La Garza conquistar, poco a poco, una tajada del mercado de los condimentos en la región, como lo comprueban los 700 millones de pesos de ingresos en 2017, gracias a las ventas de un poco más de 100 toneladas, 30% por encima de lo producido en 2016.

Emprendimiento con sentido social e innovador

El objetivo de los propietarios de Aliños La Garza, como lo dice doña Tirsa, no es solo obtener unas ganancias para ellos. También cumplir con una labor social, y esa es la meta del nuevo frente que la compañía abrirá próximamente: la producción de aromáticas.

“Ahora estamos incursionando en la línea de aromáticas. He estado hablando con una asociación de mujeres campesinas del sector de la Laguna, que reúne a cerca de 70 familias que se beneficiarían de la siembra de las aromáticas en sus parcelitas”, precisó la empresaria.

Y agregó: “Ya les dije cómo sembrarlas, cómo cultivarlas, para que saquen lo más orgánico e higiénico posible, al igual que cómo hacer los invernaderos para la deshidratación y el secado. De esa manera serán 70 mujeres cabezas de familia las que se beneficiarán”, reiteró.

En materia de innovación la empresa no se queda atrás y para el efecto recientemente se adquirieron nuevos molinos que, como resultado, permiten elaborar en dos días lo que anteriormente se hacía en cuatro. Y el objetivo es continuar automatizando la fábrica para aumentar la producción y así pensar en ampliar el mercado en el país y, por qué no, en el exterior.

Proyección internacional

 “La idea es exportar a Ecuador, pero para eso tenemos que hacer unos ajustes en los empaques de algunos de los productos”, dijo al respecto doña Tirsa, quien, sin embargo, aclaró que la producción actual está vendida” y, por lo tanto, tendrían que adquirir nueva maquinaria, además de conseguir unos espacios más amplios.

“Aquí la Cámara de Comercio nos ha dado mucha capacitación para exportar, pero creo que primero hay que cubrir el mercado nacional, posicionarnos y luego, sí, exportar. Aunque para ello debemos producir más, pero tenemos la urgencia de contar con un lugar para expandirnos y eso nos tiene amarrados”, precisó don Fernando.

Una limitación que se extiende a 13 micros y medianas empresas que integran la Corporación Regional de Empresarios de Alimentos de Nariño (Crealinar), conformada por empresas lácteas, de dulces, de alimentos, entre otros.

Esas empresas, encabezadas por Aliños La Garza, buscan ubicarse en un parque industrial de alimentos, porque el Invima los está presionando para que cambien de localización, sin que ello haya sido posible debido a la falta de decisiones de las autoridades locales.

El objetivo de Crealinar es comprar dos hectáreas de terreno para que las empresas se ubiquen allí, puedan desarrollar tranquilamente su labor y, hacia el futuro, se instale también una distribuidora para ampliar su mercado a nivel regional y local.