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Emprendimiento tolimense beneficia a 57 familias cacaoteras

Cacaoteros del Tolima han encontrado en Choconat un emprendimiento que les ofrece mayores ingresos y capacitaciones sobre sus cultivos. / Foto Juan Choconat.

  • Juan Choconat, un emprendimiento que transforma el cacao en un delicioso chocolate, que ya se exporta a Chile, agrupa a 57 familias agricultoras del Tolima, brindándoles mayores ingresos, capacitaciones y mejor calidad de vida.

Por: Leonardo Numpaque Moreno

IBAGUÉ, 2 mar (Colombia-Inn) – Juan Choconat es un emprendimiento de Juan Manuel Arbeláez y Natalia Bulla, dos jóvenes ibaguereños que buscan, con el chocolate, generar prosperidad, orgullo y mayores ingresos para los campesinos cacaoteros de una región del departamento de Tolima.

A través de su proyecto, caracterizado por la calidad y la innovación, los dos jóvenes transforman el cacao en tabletas de chocolate mezclado con frutas como naranja y limón, y en porcentajes del fruto que van desde el 52% hasta el 100%, todas endulzadas con panela.

Gracias a Juan Choconat, 57 cacaoteros de San Bernardo, San Cayetano, Santa Rita, San Juan, La Tebaida, hacen parte de este proyecto que trabaja desde la genética de los árboles de cacao para transformarlo en productos más saludables y de calidad.

Recientemente Manuel y Natalia ampliaron su modelo de negocio y dieron al servicio Experiencia Chocolate, tiendas con las que buscan crear una cultura chocolatera. La primera se inauguró hace 10 meses con el apoyo de los padres de Natalia y está ubicada en un importante centro comercial de Ibagué.

Emprendimiento con impacto social

Juan Manuel estudió emprendimiento empresarial en los Estados Unidos y junto a Natalia, ingeniera industrial, venían con la idea de crear empresa en su región. Fue después de varias ideas y de una visita, en diciembre de 2014, a la finca cacaotera del padre de Juan, cuando encontraron la respuesta.

“Un día fui a la finca. Mi papá es agricultor y tenía varios bultos de cacao. Empezamos a hablar del tema y de los precios, y recordé un problema que tuvo una reconocida multinacional en EE.UU. por ofrecer su producto como algo saludable. Entones dijimos con Natalia: por este lado podemos hacer la empresa”, recordó Juan en conversación con Colombia-inn.

El proyecto continuó en la cocina de Natalia y se fue cimentando con sus ahorros y préstamos personales. Prosiguió en el terreno acercándose a los productores, porque uno de sus objetivos principales era ofrecer mejores condiciones económicas a los cacaoteros.

“A la primera reunión solo fueron cuatro agricultores, de un total de 57. Entendimos que primero teníamos que crear confianza e hicimos una segunda reunión en donde se triplicó la asistencia. Luego una tercera hasta completar el grupo de 57”, destacó el emprendedor, tras anotar que varios de ellos fueron víctimas de desplazamiento forzado a causa del conflicto armado.

“Está por ejemplo la historia de Leila, una madre cabeza de familia de 11 niños, desplazada de San Vicente de Caguán por la guerrilla, y a quien le robaron su finca con su ganado. Llegó a Ibagué y, a punta de lavar platos, se compró su finquita de dos hectáreas sembrada con cacao. Yo creo que esa es la historia que describe la berraquera de una mujer agricultora”, resaltó.

El trabajo de generar confianza, como lo señaló Juan Manuel, lo adelantaron gracias a una alianza con la Fundación Social, que permitió la puesta en marcha de un proyecto de educación para el cacaotero, en todas las fases de producción, ya que identificaron que el cacao que se venía sembrando en la zona no era de la mejor calidad.

“Nosotros arrancamos capacitando al agricultor desde el tema de genética, puesto que encontramos que la genética más pura se está perdiendo, que es la del cacao criollo. Hoy en día solo hay una pura, que está en la Sierra Nevada, mientras que las otras se han perdido debido a que se están cultivando clones para que produzcan más”, explicó.

Esas capacitaciones también incluyen lo relacionado con las cosechas y las buenas prácticas de agricultura, para así garantizar, desde la primera etapa del proceso, la mayor calidad posible, agregó.

Chocolate responsable

El proceso de fabricación del chocolate comienza los viernes y sábados de cada semana cuando se recoge el cacao y se somete al proceso de fermentación, secado y tostado.

Luego viene lo que denominan el chocolate responsable, pues tradicionalmente el cacao se endulza con azúcar, pero como este emprendimiento busca ofrecer un producto saludable, es endulzado con panela. De allí se pasa al moldeado y empacado, para, después, comercializarlo.

En 2015, en su primer año en el mercado, Juan Choconat logró facturar 10 millones de pesos, cifra que ascendió, en 2017, a cerca de 370 millones de pesos, gracias también al funcionamiento de su primera tienda directa.

Pero, además, el emprendimiento distribuye sus productos en los almacenes Pepe Ganga y en cerca de 100 tiendas orgánicas y saludables en todo el país. Adicionalmente ya lograron exportar 1.200 tabletas a Chile, y tienen los ojos puestos en los mercados de Estados Unidos y Japón, principalmente.

Actualmente la empresa participa en el programa ALDEA de iNNpulsa, entidad encargada de auspiciar el emprendimiento, la innovación y el desarrollo empresarial del país.

Juan Choconat cuenta con el apoyo de la Alcaldía y la Cámara de Comercio de Ibagué, así como de la Gobernación del Tolima, entidades que han auspiciado su asistencia a diversas ferias y certámenes con el fin de obtener mayor reconocimiento de la marca a nivel nacional.

Pero, indudablemente, el principal logro del emprendimiento es el impacto social generado entre los campesinos cacaoteros de la región, quienes cuentan ahora con mejores niveles de calidad de vida, gracias a que perciben unos ingresos económicos más justos, los cuales, aunque parezca increíble en pleno siglo XXI, les han permitido instalar en sus terrenos servicios básicos como sanitarios y energía eléctrica.

Un impacto que Natalia y Juan complementan con la elaboración de “Héroes de cultivo”, una colección de chocolates en la que los rostros de los agricultores más comprometidos con los temas de calidad aparecen en los empaques del producto. “Ahí queríamos contar quién es, cómo vive y cuál es la historia de superación detrás de cada tableta de chocolate”, concluyó el socio y fundador de Juan Choconat.