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Lombrices empujan emprendimiento en Nariño

Agrohumus El Nogal produce mensualmente 500 bultos mensuales de humus de lombriz, un abono orgánico con extraordinarias cualidades y próximamente ampliará a 1.000 bultos mensuales porque comenzará a exportar a México. (Foto Alejandro Tovar).

  • Agrohumus El Nogal, es un emprendimiento de don Miguel Ángel Rosero que aprovecha los residuos orgánicos para convertirlos gracias a la lombriz roja californiana en abonos orgánicos de gran calidad
  • La historia del emprendedor está cargada de éxitos, fracasos, pero como todo emprendedor, han sido la constancia, el tesón y la fe, los motores de sus logros.

Por Carlos Osorio Pineda

GUALMATÁN, Nariño, 22 feb (Colombia-inn) – Miguel Ángel Rosero y su familia viven, literalmente, del estiércol y los desechos biodegradables recogidos en granjas y viviendas del municipio de Gualmatán, (Nariño), convertidos luego en abono orgánico por millones de lombrices rojas que, desde 2006, ‘trabajan’ en su emprendimiento: Agrohumus El Nogal.

“Esta es una planta de transformación, no un botadero de basura ni un relleno sanitario. Se trata de una planta de transformación de productos biodegradables a través de la explotación de la lombriz roja californiana”, explicó don Miguel en diálogo con Colombia-inn.

Reconocido en 2016 con el Premio Nacional de Innovación, don Miguel es ejemplo de tesón, empeño y superación, y su emprendimiento, que comenzó con un kilo de lombrices que le regalaron en Riosucio, Caldas, -cuando ya tenía muchas canas encima-, fue distinguido en 2007 como la mejor productora de abonos orgánicos limpios de Colombia.

En 2012, además, Agrohumus El Nogal fue escogido por el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) como la empresa más exitosa a nivel nacional, luego de que, en los comienzos del negocio, la entidad estatal le entregara un capital semilla proveniente del Fondo Emprender.

Don Miguel Ángel Rosero es el emprendedor que en 2006 dio vida a Agrohumus El Nogal, un proyecto en el que ni su familia creía, pero que ha recibido importantes distinciones a nivel nacional y regional. (Foto Alejandro Tovar).

Caída tras caída, lo importante es continuar

La historia de don Miguel no fue exitosa. Es más, resulta paradójico señalar que después de haber ocupado todos los cargos de la administración pública en su municipio, algún día se hartó de la política y abandonó una promisoria carrera para dedicarse a asuntos menos ‘espinosos’, pero no menos frustrantes.

Con uno de sus hermanos, don Miguel quiso dedicarse al transporte por carretera y para ello adquirieron un camión. La falta de conocimiento del negocio y otros factores los dejaron en la ruina. Posteriormente incursionó en el ‘comercio’ de gas, transportando en una pequeña motocicleta algunas ‘pipetas’ que compraba en Ecuador y vendía en Nariño. Tampoco funcionó.

Una vez más trató de arrancar, pero nada. Tenía un hogar, una esposa y cuatro hijos, y necesitaba urgentemente darles de comer. La situación era precaria y se agravaba por una razón: don Miguel apenas había cursado los primeros años de primaria, situación que hace algún tiempo no era tan limitante en la provincia, pero luego se convirtió en un obstáculo para aspirar a un cargo.

Pasaba los días y las noches en su vivienda; deprimido y absorto no respondía a los llamados de su esposa e hijos para que buscara trabajo. Tenía algunas opciones, trasladarse a Ecuador para buscar en qué emplearse, dedicarse al contrabando o irse de peón en alguna finca.

Luego de algunos meses tomó una decisión: volvería a estudiar. Su familia rechazó la solución y le reclamó una vez más para que se fuera a trabajar. Sólo su hija lo respaldó. Así lo hizo. Se graduó cuando cumplió 45 años de edad.

Lo que vino definió su futuro. El obispo de la zona lo llamó y le pidió que fuera a un encuentro sobre buenas prácticas agrícolas. Asistió y oyó hablar, por primera vez, de la lombricultura, de la agricultura orgánica y de otros temas que no conocía pero que le llamaron la atención.

Cuando regresó, hizo una amplia exposición al jerarca católico. Tan impresionado quedó el prelado que poco después lo escogió para representar a la Pastoral Social en un taller que se realizaría en Riosucio, Caldas, con asistencia de indígenas y campesinos. Su misión: repetir la exposición.

Nervioso, porque no tenía experiencia en dar conferencias aceptó el reto y salió airoso. Uno de los participantes se dedicaba a la lombricultura, intercambiaron información y don Miguel pudo conocer el lugar donde se realizaba el proceso.

Al final se dijo: “esto es lo mío”. Y además de la información, pidió regaladas algunas lombrices. Con un kilo de lombriz roja californiana en su equipaje, regresó a Gualmatán.

Cuando llegó le comentó a su esposa que iba a acabar con los sembrados de la huerta familiar para dedicarse a la lombricultura. Nuevamente su familia se opuso, en especial porque entendió que la granja se iba a llenar de estiércol y basura, y lo que se necesitaba era un trabajo. Pero él se empeñó.

“Decían que estaba loco. Fue motivo de burlas de las peonadas porque, de todas maneras, recordaban que yo había sido un hombre público e importante, y aseguraban que me había alocado y andaba con una carreta recogiendo estiércol y diciendo: voy a montar una fábrica de abono, voy a montar una fábrica de abono”.

En el 2005 el alcalde de Gualmatán llevó a un ingeniero para que conversara con los pobladores sobre nuevos e innovadores proyectos para el campo, y entre ellos mencionó la lombricultura. Don Miguel le comentó que estaba comenzando con ese experimento, y el experto lo retó a sembrar 20 bultos de papa, 10 con abono normal, y 10 con el producto del emprendedor.

“El resultado fue que en la cosecha tratada con mi abono hubo más papas, mejor formadas y de más calidad. El ingeniero me abrazaba delante de los peones y les decía que todos deberían sembrar con ese abono”. De ahí en adelante, aunque el proyecto del emprendedor seguía siendo cuestionado, en especial en su municipio y por parte de su familia, el negocio no paró.

En la fotografía, un detalle de los millones de lombrices rojas californianas que convierten los desechos orgánicos en humus de lombriz, un abono de especial calidad. (Foto Alejandro Tovar)

El proceso

Según don Miguel, una vez llega la materia prima al terreno y se selecciona, es sometida a un proceso para corregirle la acidez, que consiste en revolverla con cal agrícola y dejarla por tres días al sol cubierta herméticamente con unos plásticos negros, en lo que se conoce como compostaje, que busca subir la temperatura de esa materia a 80 grados centígrados para eliminar los gérmenes, bacterias y patógenos.

Luego, la materia prima es utilizada como alimento para las lombrices que se encuentran en una especie de ‘cunas’ que miden dos metros de ancho por 10 metros de largo, para un total de 64 cunas en el emprendimiento de don Miguel.

“Cada 15 días se le suministra a cada ´cuna’ 300 kilos de materia prima. Ese es el almuerzo quincenal de las lombrices”, que pueden sumar 20 millones en Agrohumus El Nogal.

“Las lombrices, que se reproducen 1.600 veces en el año, van consumiendo esa materia prima y luego de un proceso en su tracto digestivo, nos dejan como resultado su propio estiércol que, nosotros, lo convertimos en dinero en efectivo”, destacó el emprendedor.

El resultado, conocido como humus de lombriz, que no produce olor alguno, se somete a una cuarta etapa en la que la mitad de la cuna se cubre y la otra se deja al sol, de manera que los anélidos se trasladen a la parte cubierta y liberen el producto final para que pueda ser recogido y trasladado a otra fase que se denomina solarización.

Luego se somete a una especie de molino y se enriquece con orines de cuy y de vaca para aumentar el nitrógeno.

Finalmente, el producto se mezcla con zeolita, una roca mineral natural que actúa como mecanismo para liberar todos los elementos que contiene el producto, de manera que la planta a la que se le suministre el abono orgánico disponga del fósforo, el potasio y los demás elementos que posee y los aproveche en su totalidad.

Vista general de las ‘camas’ en donde las lombrices se alimentan de desechos orgánicos y tras pasarlos por sus tractos digestivos los convierten en abono o humus. (Foto Alejandro Tovar)

Humus de lombriz vs abono orgánico

Según el emprendedor, “al pasarlo por su tracto digestivo la lombriz purifica la materia prima, le da siete veces más de nitrógeno, 14 veces más de fósforo y 21 veces más de potasio. E ahí la diferencia entre el abono orgánico compostado, y el abono orgánico de humus de lombriz”, explicó.

Y concluyó: “Por eso cada cada parte del humus de lombriz como producto terminado contiene entre 10 y 12 millones de microorganismos vivos. El abono es barato y vale 20.000 pesos el bulto, cuando en realidad debería estar entre 40 y 50 mil pesos cada bulto”.

Exportaciones y ampliación del negocio

Actualmente Agrohumus El Nogal produce 500 bultos mensuales de abono que vende en su totalidad a la empresa Colácteos, una empresa lechera de Nariño y a algunos grandes productores de papa de la región.

Si embargo, atendiendo una solicitud hecha desde México, de donde lo buscaron directamente, don Miguel venderá la totalidad de la producción a ese país, y para ello ampliará la capacidad de su planta a 1.000 bultos, objetivo que no le será difícil alcanzar, en razón, aseguró, que la materia prima del abono no faltará.

Y para ello, ya hizo los contactos con la plaza de mercado de Ipiales. “Allí me van a surtir de la materia prima, hay cítricos, hortalizas, cereales, en fin”, dijo.

Con la ampliación de la planta, Agrohumus El Nogal beneficiará directamente a la población de Ipiales, y lógicamente a la empresa.

Aunque para el emprendedor las nuevas perspectivas no lo harán variar su filosofía: “Yo no me he preocupado por mi bolsillo. Me preocupo por el bolsillo del agricultor. El Sena me enseñó que, si quería llenar mis bolsillos, primero debería preocuparme por llenar los bolsillos de mi cliente, y él, gratuitamente, me recomendaría”, puntualizó.