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El ´Fruto Salvaje´ que cambia vidas

Grupo Gypsys cuenta con sedes en Medellín y Bogotá, exporta el tratamiento para el cabello Fruto Salvaje a Estados Unidos y genera ventas a través de tiendas saludables propias y en distintos lugares del país, al igual que de mujeres que desde sus casas trabajan e impulsan los productos.

  • El tratamiento Fruto Salvaje nació luego de que su creadora, Marcela Aristizábal, fuera víctima del sombrero con bóxer, empleado por personas sin escrúpulos para hacerle daño a las mujeres.
  • Fruto Salvaje brinda 71 empleos directos y de forma indirecta y a nivel nacional a más de 350 familias que ayudan en las ventas de la compañía.

Por María Angélica Huérfano B.

BOGOTÁ, 24 nov (Colombia-inn) – Dicen que en las adversidades se conocen a los verdaderos guerreros. Esta es la historia de Marcela Aristizábal, una paisa que transformó su ´tragedia personal´ en un proyecto empresarial de productos cosméticos que cambia vidas.

Aristizábal nació en el Eje Cafetero, creció en el Valle del Cauca y se hizo empresaria en Medellín, ciudad de grandes emprendimientos. Sin embargo, su idea de negocio no hubiera sido posible sin la ayuda de su esposo, Jonnathan Calle, otro paisa con grandes habilidades en el área comercial, que le ayudó a impulsar su producto.

En entrevista con Colombia-inn, Marcela recuerda que todo este proyecto arrancó de la manera más inesperada. Un día cualquiera, cuando su vida era perfectamente normal, un desconocido que pasó por su lado, enviado por una persona que le quería hacer daño, le puso un sombrero con bóxer en la cabeza, lo que se conoce por muchos como “el shampoo”.

En medio de la desesperación, Marcela no encontró mejor solución que aplicarse gasolina en la cabeza, decisión errada que le produjo un daño peor que si hubiera optado por haberse cortado su larga y preciada cabellera.

El efecto del combustible le dejó secuelas en su cuero cabelludo y pérdida y debilidad de su pelo por un largo tiempo. 

El hecho, que sucedió hace un poco más de siete años, hizo que esta mujer emprendiera una lucha titánica por volver a recuperar su cabellera, un proceso que no hubiera sido posible sin su enorme espíritu autodidacta.

Por medio de una ardua investigación, con ayuda de la literatura y del ciberespacio, encontró la solución en el poder de las frutas, productos con los que empezó a trabajar de forma empírica. Varios años le llevaron a esta emprendedora para encontrar la combinación perfecta y darle vida, de nuevo, a su cabello.

Y como la regla es infalible y el que persevera alcanza, Marcela logró lanzar su línea de productos cosméticos ´fruto salvaje´.

“Fueron muchos años los que permanecí con la cabeza con olor a gasolina y esto me llevó a estudiar la composición química de las frutas. empecé a probar mi desarrollo también con mis compañeras de la universidad y le fui dando forma al producto”, recordó la emprendedora.

“Se trata de un tratamiento capilar para quienes quieren revivir su pelo, fortalecerlo y especialmente para aquellas personas que padecen de alopecia, enfrentaron el cáncer u otras enfermedades que traen consigo la pérdida del cabello; así como también para quienes sufrieron algún episodio en sus vidas que lo afectó, como me ocurrió a mí”, explicó la joven.

Su idea fue todo un éxito y con este no solo curó su cuero cabelludo y recobró su cabellera, sino que con el voz a voz de sus compañeras de universidad, donde adelantaba estudios de derecho, cada día eran más las personas que le solicitaban el producto.

Sin embargo, cada proyecto de un emprendedor trae retos y el de ella estuvo en volver una fórmula personal en un producto comercial, momento que se presentó cuando ella y su esposo afrontaron un momento económico difícil.

Para entonces Calle comercializaba productos para el cuidado personal y de la salud de diversas marcas y en alguna ocasión invirtió sus ahorros en un artículo extranjero que no dio resultado, así que la lluvia de ideas comenzó en casa y la salvación estaría en manos de Marcela. Ese fue el inicio de la firma familiar Grupo Gypsys SAS, desde donde comenzaron a impulsar, en 2014, Fruto Salvaje.

Como la mayoría de los emprendimientos en Colombia, Fruto Salvaje se desarrolló con recursos propios y la industria se montó en la residencia de la familia.

“Iniciamos con tres compañeros de trabajo, mi esposo, mi hijo mayor y yo, pelando y organizando los frutos en la cocina. Luego se sumaron nueve personas que comenzaron a vender los productos en diferentes partes del país y seguimos creciendo. Hoy contamos con 71 compañeros de trabajo vinculados, tanto de forma directa como indirecta, y a nivel nacional con más de 350 familias que nos ayudan con las ventas”, destacó Aristizábal.

La compañía, que cuenta con sedes en Medellín y Bogotá, exporta el tratamiento para el cabello a Estados Unidos y genera ventas, por medio de tiendas saludables propias, en distintos lugares del país. Un grupo de mujeres que desde sus casas trabaja e impulsa los productos, es otra fuerza de ventas importante.

Lo dicen los resultados

Las ventas de Gypsys han crecido, en promedio, 65% anualmente, debido, en buena medida, al tratamiento para cabello Fruto Salvaje, línea que le dio vida a otros productos que complementan su línea comercial, como el champú.

Las frutas, que son la base de la empresa, han permitido también la fabricación de otros productos como los suplementos, los alimentos y bebidas saludables para el cuidado corporal y una premium llamada Ecosalvaje, todos de altísima calidad.

Además de la parte comercial, la firma, en su labor social, no solo emplea a madres cabeza de familia, sino que, gracias al trabajo de Marcela, apoya mediante conferencias a las mujeres de distintas ciudades, especialmente a aquellas afectadas por la violencia. Como parte de su responsabilidad con el medio ambiente, la firma contribuye, igualmente, con el cultivo de árboles.

“Emprender no es fácil y menos en un país marcado con el regionalismo. Hay que confiar en uno mismo, con disciplina y con esfuerzo se pueden lograr las cosas; hay que creer en lo que cada uno puede ofrecerle a la humanidad, en forma de servicio, y mirando también socialmente qué podemos aportarle”, concluyó Aristizábal.