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Félix Alvarado: cuando se agudiza “la visión” empresarial

La sede del centro comercial La Casona fue adecuada en una vieja casa colonial construida en 1738 por una familia española que luego la donó a una orden religiosa. (Foto Alejandro Tovar).

  • Don Félix Alvarado es un emprendedor con una aguda visión para los negocios, a pesar de su grave limitación visual.
  • La empresa Hombres de Barro, de su propiedad, fabrica réplicas precolombinas de tanta calidad, que son utilizadas por el Museo del Oro para sus exposiciones itinerantes.
  • Igualmente, el centro comercial La Casona, cuya edificación cumple 280 años de haberse construido, ofrece a los turistas artículos cien por ciento colombianos y el mejor café, un atractivo para los visitantes nacionales e internacionales en el centro de Bogotá.

Por: Jaime Rivera García

BOGOTÁ. 3 abr (Colombia-inn) – Don Félix Alvarado encontró posibilidades atractivas de negocio mirando hacia el pasado, con historias del presente, pero siempre con la vista puesta en el futuro… Lo paradójico es que, a pesar de su indudable visión emprendedora, este ingeniero civil tiene la ineludible certeza de que quedará ciego en poco tiempo.

Un centro comercial especializado en artesanías, esmeraldas y café, ubicado en una vieja casa colonial, al frente del costado norte del Museo del Oro y una empresa que fabrica réplicas exactas, con rigor histórico, de objetos precolombinos utilizados por nuestros ancestros indígenas, son el resultado de sus esfuerzos.

En el centro comercial La Casona se ubican 30 locales que ofrecen productos cien por ciento colombianos y dos patios en donde los visitantes nacionales e internacionales pueden disfrutar un delicioso café, preparado por auténticos caficultores campesinos.

Hace 20 años el lugar donde se localiza el hoy atractivo y vistoso centro comercial era una vieja casa colonial que se estaba cayendo. En un local del primer piso funcionaba una antigua cantina de música ranchera estridente, con vetustos pisos de madera que se hundían al paso de los clientes.

Don Félix la conoció en 2003 y la primera idea que se le vino a la cabeza fue construir un edificio de oficinas. El hombre, que hoy bordea los 65 años, quería poner a andar un negocio porque estaba próximo a dejar su trabajo en una multinacional japonesa.

Pero la casa no se podía demoler porque había sido declarada patrimonio arquitectónico de la ciudad. No valieron los consejos que le aseguraban que la casa sería un “elefante blanco” por su alto grado de deterioro. Don Félix agudizó su visión, se decidió a comprarla y a montar el centro comercial, conservando las paredes en adobe, los techos en teja de barro y los pisos de madera.

Y fue todo un éxito… La acabó de reconstruir en diciembre de 2005 y a los cuatro meses ya tenía arrendados todos los locales. Su visión le permitió observar que el Museo del Oro es visitado por 600.000 turistas al año y que luego muchos de ellos quieren tomarse un café o comprar algún artículo colombiano.

Además de las réplicas precolombinas, que exhibe con orgullo don Félix Alvarado, en el Centro Comercial La Casona los turistas también pueden encontrar artesanías de todas las regiones de Colombia, e incluso esmeraldas, y pueden degustar un delicioso café. (Foto Alejandro Tovar).

280 años de historia

La casa cumple 280 años, pues la empezó a construir una familia española en 1738 y fue terminada en 1740. “En esa época, cerca del 80 por ciento de las propiedades de la ciudad pertenecían a órdenes religiosas”, señaló el emprendedor.

El jefe de la familia de españoles entregó la casa a una orden católica, como parte de la dote, pues su hija quería integrarse a la comunidad religiosa. 120 años después, el monasterio tituló presurosamente la casa al señor Tadeo Briceño Mogollón, dada una amenaza de expropiación del presidente Tomás Cipriano de Mosquera, quien quería quitar las propiedades a los religiosos.

Los herederos de Briceño Mogollón la vendieron en 1985 a los herederos de los propietarios anteriores y, en 2004, fue comprada por Félix Alvarado.

Los precolombinos, una oportunidad

En 2010, una mujer fue a buscar a don Félix y le pidió que se hiciera cargo de una empresa de su propiedad, para no dejarla morir. Se trataba de un emprendimiento familiar que elaboraba réplicas de objetos precolombinos. El visionario hombre de negocios la investigó y la valoró. Se dio cuenta que el centro comercial era un sitio estratégico para exhibir esta clase de artículos y terminó adquiriéndola.

Hoy, Hombres de Barro, como se llama, vende precolombinos en Canadá, Suiza, Inglaterra, Italia, Francia, Holanda y Australia, donde estos artículos, réplicas exactas de los originales encontrados, tienen gran aceptación.

En La Casona hay una variada muestra de réplicas de precolombinos que se venden también a través de la página www.hombresdebarro.com, en donde se encuentran fotografías de más 800 artículos de diversas culturas ancestrales de nuestros territorios.

Es tanta la calidad de esos productos, que el Museo del Oro los utiliza para mostrar, en su exhibición itinerante por Colombia y el mundo, las joyas de oro usadas por nuestros en distintos rincones del país, y que son tan admiradas nacional e internacionalmente.

Visión para los negocios

La visión de este hombre de negocios, que bordea los 65 años, se agota día a día, debido a una enfermedad llamada aniribia, que sufren las personas que nacen sin iris y sin pupila, debido a la “falta de un cromosoma”, dice.

Aunque la mayoría de bebés que padecen la enfermedad nacen ciegos, él creció viendo algo. Perdió la visión del ojo derecho hace 10 años y por el izquierdo tiene una visión residual. Esa dolencia se refleja también en jaquecas muy fuertes y en fotofobia, aversión a la luz.

Pero esas dificultades no le han impedido ver las oportunidades de negocios y, por el contrario, le permiten afirmar con orgullo: “sigo trabajando; sigo activo; sigo investigando; puedo ser más lento, pero sigo haciendo mis negocios…”

Por eso, hasta que pueda, seguirá al frente de la elaboración, rigurosamente histórica, de las réplicas destinadas al Museo del Oro, las cuales se pueden adquirir en el showroom y en la página hombresdebarro.com. Un jarrón de unos 30 cm. de alto por 20 de ancho puede costar 100.000 pesos.