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De alquilar lavadoras a ejemplo de emprendimiento en la ONU

Jessica Hernández, durante su presentación en Naciones Unidas / Foto: Bancamía.

  • Jessica Hernández, habló ante la ONU en una sesión dedicada al emprendimiento.
  • Con la ayuda de microcréditos, Jessica pudo comprar lavadoras para alquilar y, luego, inició su taller de confección de ropa para niños supliendo una necesidad de la comunidad.

Por: Leonardo Numpaque Moreno

BOGOTÁ, 6 abr (Colombia-inn) – Con una lavadora sobre las espaldas, Jessica Hernández, de 28 años y madre de cuatro hijos, recorrió durante años las calles de Soacha y con su esfuerzo construyó un emprendimiento que más tarde le permitió instalar un taller de confección de ropa para niños, un ejemplo de vida que fue destacado por Naciones Unidas.

“Me considero una mujer trabajadora. Cuando uno tiene la motivación de sus hijos, hace lo que sea. En mi comunidad no había quien alquilara lavadoras y dije: hay que cubrir esa necesidad”, recordó la joven en declaraciones a Colombia-inn.

Jessica comenzó a alquilar lavadoras por horas. Las cargaba sobre sus hombros y las llevaba de casa en casa. “Empecé un proyecto (en una zona) donde el agua llega cada 15 días o cada mes, y eso me afectó muchísimo, más de uno me dijo vas a fracasar. Yo dije: déjenme con mi fracaso, tengo lavadora en la casa. Seguí con mi terquedad y compré tres lavadoras más”, agregó.

Con los ahorros de este trabajo y un préstamo de 500.000 pesos, emprendió otro proyecto que anhelaba y montó un taller de confección de ropa para niños, supliendo una necesidad en su comunidad y a su vez generar empleo.

Jessica abrió su propio taller de confección de ropa para niños y ahora se está capacitando para que su negocio crezca y así mejorar la calidad de vida de sus hijos / Foto: Bancamía.

De cargar lavadoras en Soacha a inspirar mujeres en la ONU

Su historia de empeño, fortaleza y constancia no se perdió en el olvido, y el pasado 5 de marzo Jessica pasó de recorrer las calles del municipio de Soacha, a ser la invitada de honor a una sesión de Naciones Unidas sobre emprendimiento, en la que estuvo acompañada por la embajadora de Colombia ante esa organización, María Emma Mejía.

“Fue muy gratificante, es algo que uno no vive todos los días. El hecho que tú veas que estás brindando un ejemplo de vida es muy conmovedor, porque la idea es que también otras mujeres se motiven y salgan adelante”, expresó la emprendedora al referirse a su visita a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Según ONU Mujeres, en la región, por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años en extrema pobreza, hay 132 mujeres en esas condiciones.

Venciendo las adversidades

“Yo trabajaba en el campo con mi mamá desde muy niña. Desde que tengo uso de memoria he trabajado. En el campo atendíamos a las gallinas, íbamos a recoger cacao, a sembrar maíz, a recoger café”, recordó Jessica.

Como miles de mujeres colombianas, su infancia no fue fácil. Cuando tenía ocho años su madre murió y tuvo que dejar su natal Bucaramanga para irse a vivir con su padre, en Bogotá. Terminó el bachillerato, se casó muy joven y enseguida tuvo a su primer hijo. Aunque inició estudios técnicos en mercado y ventas, nunca los terminó.

Viviendo en Altos de la Florida (Soacha) y responsable de sus cuatro hijos, Jessica vio en el alquiler de lavadoras una oportunidad de generar ingresos.

Con una tarifa de 2.000 pesos por una hora de alquiler o 5.000 pesos por tres horas, la mujer levantaba sobre sus hombros la pesada carga, y la trasladaba a la casa del cliente. Cumplido el tiempo, de igual manera cargaba el aparato y lo regresaba a su casa.

Con un microcrédito de 500.000 pesos logró comprar repuestos y hacerse a tres nuevas máquinas, pues los recursos que le generaba la primera lavadora no le alcanzaban para el sustento de su familia.

Llegó a tener más de cien clientes. “Tuve acaparado todo el barrio. No hay casa a donde no hubiera entrado y persona que no conozca. Me volví un referente”, contó. 

Emprendimiento sobre emprendimiento

Jessica advierte lo pesado que es, físicamente, ese trabajo, razón por la que buscó otras alternativas de negocio. Nuevamente, con el apoyo de Bancamía, accedió a otro microcrédito de medio millón de pesos, para emprender en un taller de confección de ropa para niños.

Actualmente la joven estudia confección industrial y trabaja, desde hace ocho meses, en su propio taller. “En el momento estamos haciendo pantalones camuflados y vendemos 100 mensuales en Soacha. Quiero seguir estudiando, el conocimiento es la puerta del mundo”, afirmó.

Destacó que su objetivo es que el taller siga creciendo, producir más prendas y diseños y ayudar a más personas generándoles empleo. Eso sí, entre risas cuenta que, aunque no ha dejado el negocio de alquiler de las lavadoras, en el taller no tiene que cargar nada pesado.

Asegura que no le falta nada, solo tiempo para cuidar de sus hijos e impulsar su taller. Se siente afortunada, por fin su casa tiene techo e incluso una nevera.

“Mis sueños son varios: construir mi casa, estudiar, ver estudiar a mis hijos, tener mi microempresa donde pueda ayudar a madres cabezas de hogar y a personas que no tienen oportunidades laborales”, concluyó.