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“Cocinan” proyecto para limpiar fríjoles

  • La innovación beneficiaría a agricultores de la Costa Caribe y se podría replicar en otras regiones del país.
  • Demandaría una inversión del orden de los 600 millones de pesos, pero con ello los productores cumplirían con los parámetros internacionales de limpieza para exportar.

 

Por Claudia Bedoya M.

BARRANQUILLA, 19 ago (Colombia-inn) – A mano, diez mujeres cabeza de hogar, vinculadas a la empresa Gracecol, en Atlántico, limpian los fríjoles que comercializan con sus marcas propias almacenes de grandes superficies como Éxito, Carulla, Surtimax y Ara.

“Yo lo empaco y le hago todo, prácticamente. Yo compro el producto, lo limpio, lo selecciono, hago todos los controles que tengo que hacerle y se los empaco y se los pongo en su punto de acopio”, dice Ricardo Mandón, gerente de Gracecol.

Con la experiencia acumulada desde 2001 en la venta al por mayor de fríjoles, y ante la creciente demanda y la necesidad de los campesinos y agricultores de recibir un mejor precio por su producto, el empresario comenzó a “cocinar” un proyecto de innovación que le permitirá limpiar mínimo cuatro toneladas de fríjoles por hora.

El proyecto fue presentado a la convocatoria abierta por iNNpulsa, la Universidad del Norte, la Gobernación del Atlántico y Acopi, entre otras entidades, en desarrollo del programa Gestión de Innovación Empresarial (GIE) para pequeñas y medianas empresas de ese departamento.

Mientras avanza en la ejecución del piloto para analizar su viabilidad, Gracecol limpia y selecciona cerca de 500 kilos por hora, a mano, en una labor que sólo realiza esa empresa en la Costa Caribe, a pesar de lo cual los granos no salen con las características ideales para la comercialización.

“A los agricultores esta situación los está castigando mucho porque el producto se paga muy barato. Entonces, vamos a hacerle, vamos a meter el proyecto de limpieza y selección. Me sirve a mí y además podría beneficiar a muchas personas que tienen productos y que les queda complicado comercializarlo porque tienen muchas impurezas”, dijo a Colombia-inn, el empresario.

Para ejecutar el proyecto piloto, Gracecol cuenta con una partida asignada de 10 millones de pesos, que le permitirá estudiar la factibilidad financiera, hacer el diseño de la planta y las adecuaciones; analizar maquinaria y equipo disponible como una clasificadora de color, por ejemplo, porque cada variedad de fríjol tiene un color definido.

La tarea no es fácil e implica evaluar otros aspectos como ubicación e instalaciones eléctricas, entre otros factores, ya que actualmente en el país la limpieza del grano solo se hace para productos como el arroz, pero para fríjol no hay referencia en Bogotá ni en la Costa Caribe.

“Esto es novedoso. En Colombia, en granos, estamos dando los primeros pasos. No estamos muy desarrollados y por eso tenemos el entusiasmo de hacer este proyecto”, dice Mandón.

De hecho, la iniciativa descongestionaría la región y permitiría tener maquinaria de alta producción y fomentar esquemas de asociatividad de los campesinos y agricultores.

Con la ejecución y puesta en marcha de este proyecto, Gracecol prestaría servicio de limpieza de granos a diferentes regiones como Cereté, la Sierra Nevada, Valledupar, entre otros.

Mandón calcula que la instalación de los equipos requeridos puede demandar una inversión del orden de los 500 o 600 millones de pesos. En los países desarrollados, las plantas de limpieza están ubicadas en las mismas zonas de producción, pero en Colombia la situación es diferente.

“Como estos son equipos muy sofisticados y la parte del agro está muy atrasada…En un pueblo, meter una tecnología de estas es muy complicado por ahora. No lo debería hacer yo, pero tiene que hacerlo alguien”, anota.

Hasta el momento, el fríjol que se cultiva en la región no se puede exportar porque no cumple con las normas internacionales en materia de limpieza y calidad final.

“Hay unos cultivadores tradicionales que no pueden sacar sus productos al exterior porque la normatividad no se los permite debido a que tienen un grado de impureza muy alto. Para las ciudades, que ahora son más exigentes, tampoco califican”, dice Mandón.

El proyecto que se quiere poner en marcha sirve para limpiar fríjol, soya, lenteja, palomito, guandul, cargamanto. El campesino podría utilizar el servicio de limpieza y tendría más posibilidad de obtener un mayor precio. “Lo podría “rankear” para cualquier ciudad. Por ejemplo, hace poco vendieron cabeza negra a 1.200 o 1.300 pesos. El precio normal de comercialización, en ese momento, era 2.800 pesos”, explica.

“Esta diferencia de precio se debe a que el grano que estaban sacando tenía muchas impurezas. Con el proceso de limpieza, ese mismo producto para el campesino podría pasar a 2.500 pesos y ahí hay una diferencia muy grande”, precisa el empresario.

“Así se cubriría el costo del servicio de limpieza y el productor no tendría tanto problema para vender su fríjol. Eso mismo ocurre con diferentes variedades que se cultivan pero que pierden mercado”, agrega.

Ni palitos ni gorgojos

Entre las impurezas más comunes que bajan el precio del fríjol figura el hecho de que llegue con piedras, con gorgojos, húmedo, con palitos, mezclado con granos de otras variedades, o más pequeño de lo normal.

Todo eso, entre otras cosas, hace que el producto no sea atractivo para los compradores mayoristas. En tal caso, es necesario hacer esa clasificación y Gracecol la está haciendo con su decena de empleadas.

“Lo zarandeo, le quito los palitos, le quito fríjoles negros, fríjoles que están dañados, el polvo, las piedras, la tierra, el grano que está picado…Nosotros trabajamos con grano seco”, anota más adelante el emprendedor.

En las muestras de grano que se toman de las regiones, los resultados salen con 3%, 4% o 5% de impurezas en 500 gramos de fríjol, lo que se considera demasiado. El estándar internacional establece máximo 0,3% en cuanto a granos partidos. En lo que tiene que ver con gorgojos, piedras, metales, lo permitido es cero, no puede llevar absolutamente nada.

Con la limpieza del fríjol se eliminarían las impurezas casi en 100%. La primera máquina es una zarandeadora que sacaría de los granos los elementos pequeños y livianos como palitos, hojas, y polvos que se extraen con un succionador.

La otra máquina sacaría piedras y metales y, la última, es la clasificadora por color que es la que se encarga de sacar los fríjoles que no pertenecen a la variedad que se está empacando.

Gracecol compra el fríjol en Cesar, Magdalena, Córdoba, Sucre y Santanderes. “A mí me gusta mucho el grano nacional. El grano de aquí de la región tiene unas características de sabores…la frescura. Por eso es que estoy empeñado por trabajar especialmente por los granos de aquí”, asegura esperanzado este emprendedor costeño.