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Burger Music: una historia de hamburguesas, música y amor

Después de siete años, Carolina Zárate y su compañero y socio, Alejandro Zárate, han logrado altos estándares de calidad con sus productos. Ellos fabrican el pan de las hamburguesas de sus restaurantes Burger Music.

  • Cómo una empresa que arrancó de ceros, creó sus propios platos y hoy vende cerca de 10.000 hamburguesas mensuales.
  • Tienen proyectado hacer una sede campestre cerca a Bogotá y establecer una sucursal en Miami.
  • Recetas que combinan delicias criollas con el popular plato estadounidense.

 

Por Jaime Rivera García

BOGOTÁ, 18 abr. (Colombia-inn) – Burger Music no solamente es un relato de hamburguesas y música. Sus protagonistas principales, Alejandro Hernández y Carolina Zárate, construyeron en siete años una historia de emprendimiento, confianza, arrojo, osadía y, especialmente, de amor.

Todo arrancó como los cuentos: Había una vez un muchacho de Bucaramanga, residente en Bogotá, con muchos problemas económicos. A los 14 años le dijo a su mamá que se iba a trabajar y a hacer su vida y experimentó en muchos oficios y ocupaciones.

Como afirma hoy su compañera y socia, la antioqueña Carolina Zárate, también fundadora de Burger Music: “él no estudió nada, pero sabe de todo: sistemas, diseño, cocina, ingeniería industrial, música y hasta de motos”.

Ella era una niña “bien” de familia paisa a quien le hacían falta tres semestres para concluir su carrera de ingeniería de instrumentación y control, y ya trabajaba en una empresa de Medellín. Conoció a Alejandro a través de la música que este transmitía por internet en una emisora que fundó para tratar de salir de una quiebra económica que lo había afectado.

Entre los dos lograron construir en siete años una empresa que produce y vende cerca de 10.000 hamburguesas mensuales. Cuentan con dos sucursales en Bogotá, en las que la gente hace filas de media cuadra para comer, y tienen el proyecto de construir una sede campestre cerca a la capital, y otra más en Miami, además de numerosas propuestas para vender franquicias.

La música

Esta historia, ahora exitosa, arrancó con la música. Fue muy difícil al principio. Carolina estaba fascinada con los temas que Alejandro ponía en la página virtual Top Radio. Así pasaron cinco meses, hasta que se conocieron por internet. Mucho diálogo en las redes hasta que Carolina le dijo que lo quería ver personalmente.

Y Alejandro viajó. Y se vieron una vez. Y se gustaron. Y Alejandro se alejó.

Cuando ella pensaba que Alejandro había sido “flor de un día”, este reapareció al año de haberla visto y le dijo que ya estaba listo para iniciar la empresa e irse a vivir juntos.

–¿Pero en dónde vamos a vivir? ¿De qué vamos a vivir? –preguntó Carolina con énfasis.

–En mi apartamento en Bogotá y de un carro de perros –respondió Alejandro.

Y ella increíblemente aceptó. Dejó la carrera, el trabajo y la posición acomodada de una familia tradicional de Medellín. Su madre le dijo que si era por plata ella le pagaría un sueldo pero que no dejara los estudios.

Para el círculo familiar y de amigos de Carolina esto era una locura. En la empresa donde trabajaba, incluso, le manifestaron que no le aceptarían la renuncia y que se fuera, explorara y que las puertas quedaban abiertas.

La decisión

–Yo ya había tomado la decisión —confiesa Carolina— me fui a vivir con un hombre al que había visto solamente una vez en mi vida.

Alejandro vivía en un apartamento en el norte de Bogotá. Para asegurar un techo subarrendó las tres habitaciones y dormía en un colchón en la sala. La madre de Carolina desconfiaba de Alejandro y acompañó a su hija a Bogotá para ver en dónde es que iba a vivir y quién era el tipo que le estaba arrebatando su hija.

“Ella pensaba que Alejandro se dedicaba a la trata de personas”, cuenta ahora Carolina y sonríe.

Cuando la madre vio que su hija dormiría en un colchón en el piso de la sala de un apartamento en Bogotá, le dijo que le aceptara una cama de regalo. Y Carolina no quiso.

–Yo iba a crear una empresa con mi pareja. Soy muy independiente y estaba decidida a vivir de lo que ganara en mi empresa —afirma—.

En los viernes y en los fines de semana, difícilmente se consigue un lugar en la sala de Burger Music. Los comensales hacen cola hasta de media cuadra.

El emprendimiento

Durante el año que Alejandro se le perdió a Carolina, empezó a fabricar y vender hamburguesas a domicilio. Las hacía en una plancha en el patio de ropas del apartamento en donde vivía. El humo, el olor y las entradas y salidas del domiciliario hicieron que de la administración le llamaran la atención y le ordenaran que no lo podría hacer más.

Después de tener alguna experiencia con las hamburguesas y saber que necesitaba una socia, llamó a Carolina, le propuso que vivieran juntos. Iniciaron la convivencia y se pusieron la meta de emprender pronto su negocio.

A los cinco días de estar en Bogotá, Carolina probó una hamburguesa especial que Alejandro le preparó y que hoy se llama en Burger Music “la Búkara”, con complemento de pollo, queso fundido y acompañada con salsa tártara y dulce de piña con ‘melao’. –Me pareció increíble. ¡Qué sabor tan delicioso! –dice –ahí supe que nuestras hamburguesas serían un éxito.

Sin conocer Bogotá, Carolina empezó a buscar por internet un local para el negocio que iban a montar.

Encontraron en el barrio La Alhambra, sobre la calle 116, un local a buen precio, “puesto que en esos días habían cerrado las entradas y las salidas vehiculares en unas rotondas del barrio y nadie quería arriesgarse”, recuerda. Arrendaron el local con plata prestada y a nombre de un primo de Alejandro.

Fueron unos días muy difíciles. Carolina revive esos duros momentos: “durante dos años no salimos nunca a un restaurante. Comíamos siempre en Burger. No compramos una camisa, unas medias o unos zapatos en ese tiempo. La ropa estaba gastada, pero teníamos una fe inmensa. Trabajábamos 16 horas diarias. Alejandro en la plancha. Yo era la cajera, la papera y la encargada del aseo”.

Para completar, al año de haber abierto, desocuparon el local contiguo y Alejandro dijo que lo tomaría en arriendo. “Ahora no lo necesitamos, pero en dos años va a ser un espacio importante y si no lo tomamos, estará ocupado y perderemos esa oportunidad”, advirtió en esa ocasión.

Carolina pensaba que tenían muchos problemas económicos para asumir otro gasto de ese tamaño, “pero confiaba en él. Yo he sido la alcahueta y la cómplice y dije en ese momento que por algo tomaba esa decisión y seguimos adelante. Siempre supe que Burger Music iba a tener un gran éxito en algún momento”.

Recetas propias y exclusivas 

El secreto del éxito ha sido la creatividad, el tesón, la investigación, el trabajo, las ganas de salir adelante, la confianza mutua y por supuesto, el amor. El resultado es un producto de altísima calidad. Así, Alejandro y Carolina encontraron unas recetas originales y únicas.

“Nosotros experimentamos y hasta que no quedamos satisfechos no lanzamos el producto. Para nuestra hamburguesa “De la casa” que es con rodajas de plátano maduro, tocineta y quesos doble crema y cheddar, nos llevamos un bulto de plátano al negocio e íbamos experimentando. Cuando estaba maduro, envolvimos la carne en tocineta, agregamos el plátano y los quesos y hoy es la que más vendemos”, enfatiza.

La pareja ha incorporado varios ingredientes a las hamburguesas, lo que las hace un producto especial y único. Hay hamburguesas con arepa santandereana, con chorizo, con queso costeño, con sobrebarriga, con jamón serrano y con ‘melao’ de piña. En fin, unas combinaciones que convierten al popular plato estadounidense en una verdadera experiencia gourmet colombiana.

Ahora hasta hacen el pan en sus propios hornos porque no encontraban en el mercado la clase que querían. “Duramos un año experimentando para llegar a lo que deseábamos. Hacemos un pan bajo en grasa, con base en aceite de oliva y eso es algo único. Queremos llegar a producir todos los ingredientes que utilizamos”, explica.

“Nosotros no escatimamos en la calidad y el costo de los ingredientes que usamos. Todos son de primera. Trabajamos con ética. Eso lo saben nuestros clientes que se multiplican gracias al voz a voz. Los que pasan por acá seguro que vuelven y le cuentan a otros su experiencia”, afirma y sonríe.

Está segura de lo que quiere, como hace siete años cuando inició Burger Music con Alejandro. “Esta niña es más fuerte de lo que pensé y ahora estoy tranquila”, dice su madre.