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Bichopolis: Un bicho que en Colombia hace empresa

Alexander Escobar, creador de Bichopolis, un enamorado de los bichos, en uno de los invernaderos en Tabio. Foto Nicolás Acevedo.

  • ‘Bichos buenos que se comen a los bichos malos’
  • Con los bichos se crea una forma de transformar la agricultura
  • El proceso que maneja Bichopolis es de control biológico. La meta es racionalizar el uso de pesticidas en la agricultura

Por Carlos Osorio Pineda

Tabio, Colombia, 26 dic (Colombia-inn) – En 2007 y luego de tres quiebras, Alexander Escobar Sabogal puso todo su conocimiento y su esperanza en un bicho. Diez años después el mismo bicho está cambiando la forma de hacer control biológico en Colombia y Bichopolis, la empresa que nació del mismo bicho, dejó ventas por más de 2.000 millones de pesos.

Y no sólo eso: es tal el éxito y la proyección de Bichopolis, que una empresa israelí, Biobee, poseedora de la tecnología más adelantada en el sector, se convirtió desde hace cinco años en su aliada estratégica, y ya no solo piensan en desarrollar su conocimiento en el sector de las flores, sino que trabajan para ampliarse a otros como las frutas.

Escobar Sabogal, un joven administrador agropecuario, comenzó este recorrido hace 10 años junto con su esposa y desde hace seis crearon oficialmente a Bichopolis. Hoy la empresa cuenta con un equipo de planta conformado por 40 personas, entre agrónomos, ingenieros agrícolas, ingenieros agroindustriales, técnicos agrícolas y profesionales del área administrativa.

El emprendedor siempre trabajó con bichos, tanto en investigación como en el campo. Viajó por gran parte del país, especialmente por el sur, pero solo fue hasta después de sus quiebras en distintos negocios, que le hizo caso a su esposa, quien le aseguraba que el futuro estaba en los bichos, a lo que él se resistía “porque no quería salir de la zona de confort”.

“¿Quién va a comprar bichos? Se preguntaba Escobar. Pero algún día, el bichito lo picó.

Actualmente Bichopolis es una empresa dedicada a atacar plagas que afectan los cultivos de flores en la Sabana de Bogotá, especialmente las rosas, en lo que el empresario define como: “bichos que se comen a otros bichos”, o “bichos buenos que se comen a los bichos malos, entendidos éstos como las plagas”.

En términos un poco más científicos, generalmente los cultivos de flores son atacados por un ácaro denominado tetranichus urticae (plaga) y, para hacerle frente, en Bichopolis se ‘cultivan’ otro tipo de ácaros, llamados phytoselus persimilis (bichos buenos), que se alimentan de los primeros.

El proceso

De acuerdo con Escobar, el proceso de ‘cría’ del bicho bueno se hace en un 90% en invernadero, puesto que es más complejo hacerlo en laboratorio. A su vez, también en invernadero, se cultivan unas plantas que sirven como hospederos de la plaga, y sobre las mismas se van depositando los ‘bichos buenos’ que comienzan a devorar a los malos, al tiempo que se multiplican exponencialmente.

Una vez al día, de acuerdo con ciertos factores como la temperatura, trabajadores de Bichopolis recogen o ‘cosechan’, gracias a la tecnología israelí, miles de ‘bichos buenos’ que van a parar al laboratorio, en donde se hace una especie de limpieza y en donde son empacados y distribuidos a las empresas floricultoras que los requieren.

Anteriormente la recogida de los bichos se hacía manualmente con un aspirador bucal y una persona recogía con ese método cerca de 10.000 mil bichos diarios. Actualmente se recolectan cuatro millones diarios.

Es necesario anotar que los ‘bichos buenos’ son ‘criados’ en otros invernaderos de la finca que sirve de sede a Bichopolis, localizada a cinco minutos de la cabecera municipal de Tabio.

En síntesis, lo que Bichopolis hace diariamente es un control biológico en el que se toman herramientas de la misma naturaleza, a partir de las cadenas alimenticias, para lograr el balance necesario en el agrosistema, sin tener que recurrir a métodos dañinos como los pesticidas y plaguicidas, cuyo uso, sin embargo, no se descarta del todo.

Escobar y su esposa iniciaron su emprendimiento en una hectárea, en Chía. Ahora tienen cuatro y adelantan investigaciones para ampliarse a Boyacá, en donde trabajan en dos fincas buscando un mejor clima para la producción de sus bichos, y una tierra más asequible, porque en la Sabana, está muy cara.

Si bien ya existe alguna competencia en el mercado, Bichopolis cuenta con dos elementos indispensables para el éxito de un emprendimiento: volumen y constancia, además de su alianza estratégica.

Sus principales compradores están en el sector floricultor, con un 99%, pero ya están haciendo ensayos en papaya y cítricos, aunque sueñan con ampliarse a otros campos. La tarea no es fácil, crear un bicho puede tardar unos 15 años aproximadamente, pero consideran que, con experiencia y conocimiento, podrían acortar esos tiempos.

La experiencia

En este exitoso proceso, para Escobar fue fundamental haber participado con su empresa en una convocatoria del Fondo Emprender, en donde resultaron ganadores. Luego presentó su propuesta a la Fundación Bavaria y obtuvo 80 millones de pesos para su proyecto, eso ya hace cinco años.

Pero lo importante de esa experiencia, es que Emprender le exigió que para poder seguir adelante debía conformarse como empresa, presentar un plan de negocios y definir qué quería hacer. Así nació Bichopolis, que también fue destacada en Misión Impacto, el programa de iNNpulsa para promover el emprendimiento y la innovación.

De su experiencia, este joven investigador y emprendedor deja tres mensajes para quienes inician el camino de la innovación y el emprendimiento:

El primero. “Haga lo que quiera hacer, antes que pensar en el dinero, porque la mayoría de emprendedores arrancan pensando en hacer dinero. Por pensar en ese tema fue que tomé un camino equivocado”.

Dos. “Después de tantas quiebras una reflexión que me quedó es que uno, o es emprendedor o es empleado, o es administrador, pero no se pueden mezclar”.

Tres. “Haga lo que le gusta, haga lo que sepa hacer y dedíquese tiempo completo. Para que un emprendimiento sea exitoso no se puede tomar por medio tiempo o como un hobby”.