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Aura Mora, una emprendedora desplazada que nunca perdió la fe

Aura Mora es una mujer optimista, luchadora y entregada a su emprendimiento, que brinda empleo a cinco personas, y es conocido tanto en Nariño como en otras partes del país, desde donde le llegan pedidos permanentemente. (Foto Alejandro Tovar).

  • Gelitas es un emprendimiento que comercializa productos alimenticios y derivados de la pata de res, y es reconocido a nivel regional y nacional.
  • Por el desarrollo de uno de sus productos, Aura Mora fue elegida en 2017 como la ‘Empresaria del Año”, en desarrollo del programa Alianzas para la Innovación.
  • Colombia-inn e iNNpulsa, entidad que promueve el emprendimiento, la innovación y el desarrollo empresarial, rinden homenaje a las mujeres en su día.

IPIALES, Nariño, 8 mar (Colombia-inn) – Cuando Aura Mora supo que la guerrilla andaba tras su hijo para reclutarlo, la vida le dio un vuelco. Su familia se desintegró y tuvo que desplazarse. Sin un peso, recordó las enseñanzas de su abuela y con base en ellas, poco a poco, fue construyendo Gelitas, un emprendimiento reconocido no solo en Ipiales, sino en todo Nariño y parte del país.

Gelitas no solo elabora gelatina blanca, negra o de colores, para niños, sino que también ofrece ocho productos derivados de la pata de res, como aceites para aliviar dolores óseos o regenerar el cabello. (Foto Alejandro Tovar)

“Gelitas se dedica a la producción y comercialización de productos alimenticios derivados del colágeno de la pata de res, es decir, la reconocida y típica gelatina blanca, como la conocemos popularmente”, precisó Aurita -como propios y extraños la llaman- con esa permanente sonrisa y optimismo con los que ha enfrentado difíciles momentos.

Algún día, Aurita decidió trasladarse desde Ipiales a la población de Samaniego, su tierra natal, con su esposo y sus tres hijos, en búsqueda de la tranquilidad y el progreso para su familia. Lo que no supo, hasta después, es que la vida le ofrecería todo lo contrario.

“En 1999 se desató la violencia y la guerrilla comenzó a reclutar niños desde los nueve años. Mi hijo tenía 14 y cuando oí el runrún de que estaba en lista, me tocó sacarlo de allá a la madrugada, y para que no nos hicieran seguimiento me quedé con mis dos hijas”, recuerda la emprendedora.

Sin embargo, la situación se complicó y Aurita, quien se estaba separando de su esposo, tuvo que desplazarse, pero Ángela, su hija mayor, no quiso salir y la familia terminó desintegrándose.

En 2002 regresó a Ipiales sin un peso. Cualquier día la niña que la acompañaba sufrió una fractura de clavícula cuando jugaba un partido de básquetbol.  “Yo no encontraba qué hacer. Mi preocupación era calmar el dolor de la niña. La llevé al médico y me dijo que había que operarla o colocarle un chaleco por dos meses, si la herida soldaba, bien, sino tocaba operarla”.

“De la desesperación comencé a recordar enseñanzas de mi abuela, cuando me contaba que el colágeno de la pata de res ayudaba a soldar roturas óseas. Pero yo decía: con qué compro una pata y panela para hacer el remedio. ¿Qué hago Dios?, ilumíname, yo no soy capaz de ir a pedir plata”, prosiguió Aurita.

Organizando una biblioteca encontró 12.000 pesos. Un milagro. Se fue a buscar la pata y la panela, elemento fundamental para la elaboración de la gelatina. “No sabía cómo hacerla, pero traté. No quedaba perfecta, pero logré elaborarla y todas las noches se la daba a la niña con leche caliente. Eso le permitía dormir sin dolor”, cuenta.

A su vez el aceite que extraía de la pata lo calentaba y le sobaba la herida.  “A los dos meses el médico le quitó el chaleco y me preguntó ¿qué había hecho? Lo cierto es que el hueso había soldado”.

Gelitas es el emprendimiento de Aura Mora -quien aparece al fondo- una mujer desplazada y afectada por el conflicto, quien por su empeño y decisión ha sido reconocida como líder emprendedora y empresaria del año en Nariño. (Foto Alejandro Tovar).

A partir de allí Aurita se dedicó a tratar de preparar la famosa gelatina. Al comienzo no podía. Durante toda la noche trabajaba tratando de hacerla, pero asegura que, “me quedaba pegada, se me quemaba o se me rebotaba la olla. Sin embargo, las que producía se las seguía dando a la niña. Las que me sobraban se las regalaba a los amigos”.

“De casa en casa se las llevaba a los vecinos. Usted hace esto tan delicioso, me decían, y agregaban: ¡haga más y nos vende!”. Poco a poco comenzó a producir en mayor cantidad, siempre dedicando las horas de la noche a esa actividad. En el día vendía el producto a 100 pesos la unidad, especialmente en los despachos y oficinas públicas, donde más demanda tenía.

“A las cinco de la mañana me levantaba a enfriar. A las nueve yo misma batía, pero no me cansaba porque pensaba que lo importante era que mis hijos no sufrieran hambre. Hacia unas 30 cajas y me iba a la Cámara de Comercio, a Fundame y a una incubadora de empresas donde me dejaban vender en todas las oficinas y, además, me asignaron un asesor”, señaló.

Mientras tanto, en Samaniego, Angelita, quien había logrado poner a funcionar, con plata prestada, un café internet, sufrió en carne propia la violencia del conflicto, cuando en febrero de 2012 la guerrilla, por atacar a unos policías que se encontraban en una discoteca, lanzaron una bomba y acabaron con su negocio. 

Una acción que se repetiría meses después, en abril, pues la joven reconstruyó el café, pero la guerrilla volvió a destrozarlo, situación que, además, hizo que perdiera al hijo que estaba esperando.

Aurita, por su parte, seguía con la venta de su producto: la gelatina blanca, que según ella tiene propiedades de calcificación y, además, ayuda a la memoria. Pero dio un paso más. Por alguna razón tuvo que viajar a Bogotá y se dio cuenta que un producto similar se vendía en calles, vías, esquinas o puestos callejeros sin control sanitario alguno y, normalmente, siempre expuesto a las condiciones del ambiente.

“Duré estudiando entre seis meses y un año en qué empacar mis productos. Yo misma diseñaba y probaba hasta que comencé a venderlo en unas cajitas de cartón. Entonces empacaba 15 gelatinas y ya vendía la cajita a 2.000 pesos, pero no tenía que conseguir 15 clientes por separado”, advirtió la emprendedora con emoción.

Desde que comenzó a elaborar su gelatina, de manera comercial, Aurita se dedicó a investigar cómo mezclar el colágeno con ingredientes naturales que tuvieran algún impacto en la salud, de modo que fuera un producto distinto al que se comercializa en el resto del país. 

“El suegro de mi hermana era naturista y él me prestaba libros de medicina natural, y lo que me interesaba yo lo fui anotando. Y allí aprendí lo del aceite que se extrae de la pata y que yo perfeccioné, haciéndolo con calor profundo”, explicó.

Como resultado dio a conocer la gelatina negra, elaborada de la misma forma que la blanca, pero con dos plantas naturales que le dan el color al producto de manera natural, y tiene como valor agregado que alivia los problemas de bronquitis.

Se propuso fabricar gelatinas para los niños afectados con tos seca, elaboradas con ingredientes, siempre naturales, y de diversos colores, para evitar el rechazo de los menores. Actualmente es uno de sus productos más apetecidos.

En 2006, “con lo poquito que producía me afilié a la Cámara de Comercio que a finales de ese año me distinguió como líder emprendedora”, recordó Aurita, quien tiene en esa entidad una buena parte de sus clientes.

Tras incursionar con éxito en el mercado de los dulces, los cuales comercializa ahora en empaques selloplus que adquiere en Bogotá y Cali, especialmente diseñados para sus gelatinas, Aurita, con base en sus anotaciones, se metió desde hace algunos años en otros derivados de la pata de res.

Productos como un regenerador capilar, derivado del tuétano que le extrae a la pata de res; aceites para aliviar dolores de las articulaciones, reparar daños óseos, o ‘levantar’ el derrière de las mujeres, son ofrecidos por Aurita en su portafolio y el Invima tramita la expedición de sus respectivas licencias.

Precisamente, con su regenerador capilar, Aurita fue elegida en 2017 como la ‘Empresaria del Año”, en desarrollo del programa Alianzas para la Innovación.

Actuamente Gelitas hace presencia en gran parte de los sitios turísticos de Nariño, como en los puestos de ventas ubicados en Las Lajas, en donde Aurita piensa instalar un punto de venta directo. Su emprendimiento comercializa unas 2.000 cajas mensuales de gelatina blanca y cerca de 1.500 de gelatina negra.

Para ello compra cada cuatro o cinco días cerca de 25 patas de res, con las cuales elabora, diariamente, las gelatinas, puesto que sus productos se venden casi inmediatamente, por lo que puede afirmar, sin lugar a dudas, que siempre están fresquitas.

Aurita no quiere desperdiciar nada de la materia prima que utiliza, y para ello está organizando a un grupo de personas con las cuales se dedicará a elaborar artesanías con base en lo que queda de la pata de res, aprovechando que esa región del país se destaca por la calidad de sus artesanías.

En 2016 Gelitas participó en Héroes Fest el principal certamen de emprendimiento e innovación que realiza iNNpulsa, la entidad de gobierno colombiano que auspicia a los emprendedores e innovadores del país, y aunque en 2017 fue invitada nuevamente, no pudo participar por una situación familiar, pero aspira, ahora, a ser beneficiaria del programa ALDEA.