LA PRIMERA AGENCIA DE CONTENIDOS PERIODÍSTICOS DE INNOVACIÓN Y EMPRENDIMIENTO EN COLOMBIA

A punta de café, campesinas de Caldas avanzan en un nuevo proyecto de vida

En Manizales, con la dirección de Marta Mayrene (a la derecha), el grupo de emprendedoras muestra su producto estrella: el café Mother Coffee. Foto Alejandro Tovar.

  • Mujer y café, un emprendimiento que reúne a 42 mujeres, entre las cuales se encuentran desplazadas por el conflicto, víctimas de violencia intrafamiliar o, hasta hace poco, sin expectativas de vida.
  • Su producto estrella: Mother Coffee, ya cuenta con licencia de exportación, pero requiere de alguien que lo comercialice en el exterior.

 

Por Carlos Osorio Pineda

MANIZALES, 9 feb (Colombia-inn) – Se enfrentaron al machismo tradicional de la región, superaron situaciones de violencia intrafamiliar, aprendieron paso a paso lo que conocían sólo en teoría y, como resultado, 42 mujeres mayores de 50 años, conforman la Asociación Mujer y Café que, desde Manizales, espera iniciar este año exportaciones de su producto estrella: Mother Coffee.

“Inicialmente nos reunimos 20 mujeres y empezamos a hablar sobre café, con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros, y el 8 de marzo del 2013 decidimos conformarnos como Asociación Mujer y Café, para sacar nuestro propio producto, pero no teníamos ni un peso, lo que nos sobraban eran ganas”, cuenta Marta Mayrene, alma y nervio de este emprendimiento.

Tras mucho tocar puertas, el grupo de mujeres, varias de las cuales cuentan con pequeñas parcelas herencia de sus familias o propiedad de sus esposos, algunos ya fallecidos, consiguieron 29 millones de pesos, una capacitación en mejoramiento de cafetales y transformación de café, así como elementos para seguridad industrial.

Posteriormente obtuvieron una trilladora y un molino que, de por sí “nos asustaba mucho, porque nunca habíamos tenido una máquina como… tan tenebrosa, y todavía a muchas nos da susto poner a trabajar un aparato de esos”, agrega Marta.

Luego consiguieron otro aporte por 44 millones de pesos con los cuales adquirieron la tostadora, una selladora, el código de barras, los registros de Invima, y de Marca, la certificación de café colombiano con denominación de origen, y pudieron contratar estudios de imagen y de marketing.

Vinieron las capacitaciones en barismo, tostión, competencias laborales y todo lo necesario para poderse certificar como todas unas productoras cafeteras, y les fue tan bien que en 2016 las invitaron a Corferias, a la Feria de Cafés especiales, para mostrar su producto.

Pero mientras una parte de estas emprendedoras realiza su labor en una pequeña vivienda de Manizales, en donde se reúnen, tuestan y empacan el café, otro grupo, al frente del cual se encuentra Luz Helena Díaz, tiene como prioridad el cultivo del café, desde los almácigos (semilleros) hasta su recolección.

Dos o tres veces a la semana, 10 o 15 mujeres, provenientes de diversas veredas de Manizales, se encuentran en una finca cafetera (propiedad de un benefactor) y con el acompañamiento de Cristina, la única joven del grupo, estudiante de administración de empresas agropecuarias, siembran, riegan, fertilizan y, en fin, realizan las labores propias del proceso que finalmente se traduce en tres calidades del grano: exportación, clásico y excelso.

Integrantes de la Asociación Mujer y Café realizan las labores propias del cultivo del café, bajo el liderazgo de Luz Helena Díaz. Foto, Alejandro Tovar.

Integrantes de la Asociación Mujer y Café realizan las labores propias del cultivo del café, bajo el liderazgo de Luz Helena Díaz. Foto, Alejandro Tovar.

“La idea de nosotras es salir adelante, poder mostrar a la gente que somos capaces y que tenemos la capacidad de sacar un café excelente y de calidad, gracias al apoyo de la Federación. Se trata de un café sin químicos, escogido especialmente”, explica Luz Helena, una experimentada mujer que asumió las riendas de su parcela al quedar viuda.

“Esto ha sido una lucha. No ha sido fácil llegar a donde estamos. Los inconvenientes, los problemas, la situación de muchas de nosotras que no tenemos una gran capacidad económica, incluso algunas deben recolectar para el pasaje, pero lo hacemos con mucho amor porque nos gusta”, destaca Luz Helena.

Y con razón lo dice. Entre ellas se encuentran desplazadas del conflicto colombiano, víctimas de violencia intrafamiliar y, aunque inicialmente una condición para participar era poseer aunque fuera una pequeña parcela, también hay mujeres que deben caminar varias horas para llegar a la finca o a la sede de Manizales, debido a que no poseen recursos.

Y se mueven sólo por ese amor a su tierra, por el deseo de ocuparse, de sentirse vivas, y por la esperanza de que algún día su producto llegue al exterior y, entonces sí, puedan comenzar a recibir algún beneficio económico.

Por lo pronto, las integrantes del grupo no tienen retribución económica alguna. Por el contrario, pagan de su bolsillo el arriendo de su sede en Manizales, ya que aunque han tocado varias puertas en la ciudad y ganado varios premios de emprendimiento, no ha sido posible que la alcaldía o alguien del sector privado, les done o facilite un lugar en donde ubicarse, a pesar de que se trata de un esfuerzo que tiene, inicialmente, un poderoso componente social: reivindicar a la mujer del campo.

“En este momento beneficios económicos no hemos podido tener, porque hay varios inconvenientes. Primero que pagamos un arriendo costoso, además de los servicios de agua y luz, lo que nos quita mucha fuerza para poder beneficiarnos, y por eso estamos buscando un sitio donde nos podamos ubicar”, dice Luz Helena.

Sin embargo, Cristina destaca: “en lo que sí hemos crecido mucho es como personas, porque en la Asociación hay muchas mujeres que no salían de la casa porque el marido no las dejaba. No hacían una labor del campo dizque porque esas eran labores de los hombres. Entonces, en este momento, la ganancia ha sido mucha, especialmente en la parte intelectual”.

Y agrega en su diálogo con Colombia-inn: “ahora muchas de nosotras vamos a las reuniones, nos capacitamos, aprendemos e incluso conocemos, porque con nuestros proyectos hemos viajado a otros lugares, conocemos gente, compartimos y nos enriquecemos. Incluso no solo aprendemos de otros, sino que ellos también aprenden de nosotras, porque vamos a lugares donde a pesar de su experiencia, no tienen los registros y las marcas que nosotras poseemos”.

Luego de la jornada en la finca, satisfechas las mujeres posan para el lente de Colombia-inn. Foto Alejandro Tovar.

Luego de la jornada en la finca, satisfechas las mujeres posan para el lente de Colombia-inn. Foto Alejandro Tovar.

Edilia Arias es una mujer del campo que hasta hace cinco años solo se dedicaba a labores del hogar, pero que desde hace cinco años ingresó a la Asociación, cuando se le abrieron las puertas para iniciar un proyecto en donde “he aprendido a expresarme, pero, especialmente, a sentir que soy una persona que vale, que puede decir lo que siente y hacer lo que le gusta”.

“Uno en el campo está como limitado, como con temores, pero al venir a la Asociación he superado eso y aprendido otras cosas, más allá de la labor del campo, como la tostión del café”, anota esta mujer que se ve en cinco años sacando el grano de su parcela y llevándolo a la Asociación para luego ser exportado.

Un caso distinto al de Ana Clara Martínez, quien fue víctima de la detonación de un artefacto explosivo que afortunadamente no la mató, pero le afectó la audición y, quien luego fue obligada por grupos armados ilegales a abandonar su vivienda en una vereda de Salamina (Caldas).

“Uno cree que el mundo se acabó, pero en la Asociación volví a resurgir y aunque advertí que no tenía tierra o recurso alguno, fui bien recibida y mi satisfacción ahora es volver a tener el café en mis manos, a olerlo, a tomarlo, a reencontrarme con lo que era mi oficio de toda la vida: recolectar, beneficiar, escoger e ir a venderlo al pueblo”, señala Ana Clara.

Y agrega: “Uno se siente muy triste al saber que en par minutos tiene uno que desalojar el lugar donde estuvo toda su vida, pero en la Asociación volví a nacer, volví a la vida, y esto ha sido muy satisfactorio para toda la familia, porque incluso mi nieta, de 16 años, me acompaña en estas labores”.

Mujer y Café, ejemplo de Manizales para el país y para el mundo, y un proyecto de vida de un grupo de mujeres al que sólo le falta el empujón final para lograr su sueño de exportarlo: alguien que lo comercialice en el exterior.

“Nosotras mismas lo elaboramos, vamos, nos miden la calidad de la taza, y nos aseguran que es un café excelente. Por eso con más amor trabajamos, porque nunca nos imaginamos que podíamos lograr lo que hemos alcanzado: un café de alta calidad con el esfuerzo de estas ‘niñas’ a las que no podemos hacer quedar mal”, concluye Luz Helena.